6. MECANISMOS DE CONTROL
Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.
Bertolt Brecht.
Hemos visto la estructura de poder que la élite banquero petrolera generó, desde inicios de los años '20, en torno del CFR y de dos de sus organizaciones satélite: el grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral. Sin embargo, por más poderosa, rica e influyente que la élite fuera, y por más bien organizados que estuvieran el CFR y sus entidades satélite, habría sido impensable la posibilidad de la idea de crear la globalización sin la existencia simultánea de mecanismos de control en todos los ámbitos de la sociedad, y en todo el mundo.
La élite percibió, entonces, que debía extender su poder desde los centros en los que se apoya: Nueva York, Washington DC y Londres, a las principales ciudades de todo el mundo. Para ello necesitaba, en primer lugar, reduplicar su propia estructura, generando otros thinktanks "a imagen y semejanza" del propio CFR, incluso dirigidos por miembros del CFR y de la Comisión Trilateral, a fin de poder infiltrar en forma adecuada las estructuras estatales de poder de terceros países. De esta manera, una gran multiplicidad de organizaciones cuyo supuesto fin es el intercambio y el estímulo a la creación de ideas para desarrollos regionales han sido creadas en el mundo a lo largo del siglo XX. El objetivo real de estos thinktanks es, en cambio, bien diferente. La idea básica es tomar contacto con políticos, economistas, periodistas, diputados, senadores y funcionarios públicos de variada gama. El objetivo de establecer esos vínculos sería influir en la toma de decisiones de los respectivos países, y en los medios de prensa, a fin de controlar tanto a los gobiernos como a la opinión pública y hacer, de esta manera, más fácil la agenda de la globalización.
En el caso de Latinoamérica, es la Americas Society la organización encargada por el CFR para presionar por la adopción de medidas que no obstruyan la globalización. En El cerebro del mundo. La cara oculta de la globalización, de Adrián Salbuchi, se pueden encontrar, además de mucha información valiosa, listados enteros de miembros permanentes de la Americas Society. Se trata de personas susceptibles de padecer el lobby de la élite norteamericana e inocularlo en los gobiernos, partidos políticos, la prensa y organizaciones empresariales. Una mención especial merecen, según la misma obra, los únicos tres latinoamericanos miembros oficiales de la Comisión Trilateral en febrero de 2001. En dicha organización aparecen a esa fecha sólo quince personas que no son estadounidenses, europeos ni japoneses, entre sus cerca de 300 miembros. Pero citemos textualmente a Salbuchi en la página 404 de El cerebro del mundo:
"...sólo tres de estos quince son de nuestro continente, el nombrado Cavallo, el brasileño Roberto Egydio Setübal (presidente ejecutivo del Banco Itaú de Brasil), y el uruguayo Enrique V. Iglesias (presidente del BID). Un cuarto latinoamericano, el mediático escritor ultraliberal y ex candidato presidencial peruano Mario Vargas Llosa, es también miembro de la Trilateral representando a la Real Academia Española, por tener también nacionalidad española".
La reduplicación de estas estructuras, conformadas como consejos consultivos entre empresarios e intelectuales, va incluso más allá, dado que también se generan dentro de los propios países. En el caso argentino, es necesario mencionar al CARI (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales).1 Pero los hay prácticamente en
1 La lista de miembros argentinos del CARI es sorprendente. En las páginas 392/4 de El cerebro del mundo figuran los nombres. Entre sus miembros internacionales aparecen George Bush padre, Bill Clinton y Heniy Kissinger,
todos los países de la región o asociaciones de países. La utilidad de estas estructuras de poder es, como puede observarse, muy importante para la élite. Por un lado, puede desechar todo tipo de teorías conspirativas con el argumento de que solo se trata de grupos de personas interesadas en el mejor desarrollo de los países. Por lo tanto, no sólo puede ocultar sus fines de dominio global, sino que también hasta puede ofrecer a la opinión pública desprevenida la idea de objetivos filantrópicos. Lo cierto es que difícilmente el núcleo de personas que conforman la Americas Society y el CARI, entre otras organizaciones, en general estrechamente vinculadas a empresas y partidos políticos, destinen tiempo, esfuerzos y recursos económicos si no hay atrás la posibilidad de ejercer cargos de poder o de beneficiarse económicamente. La adhesión personal a estos thinktanks suele ser una especie de "contrato tácito" por el cual los miembros dan parte de su tiempo, sus energías, sus recursos (cuando es el caso de empresas) y hasta sus cerebros a cambio de posibles y probables beneficios económicos, importantes cargos empresariales y posibles y probables puestos políticos. Pero el control del CFR —y de la élite que lo domina sobre el mundo, a fin de generar la globalización, no se detiene en reduplicaciones permanentes del propio CFR, sino que abarca otros ámbitos de acción: la seguridad, inteligencia, represión (y hasta la educación) a través de organizaciones semi secretas como la CÍA y el FBI; el control político y militar de los países a través de las Naciones Unidas, principalmente, y, finalmente, el control económico y financiero a través del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y sus entidades anexas o subsidiarias. Por último, el control global y social se completa mediante la influencia en las masas de los mega medios globalizados de comunicación, entre los que sobresale por varias causas la televisión. Efectuaremos un somero repaso de los mismos.
La CÍA y el FBI
La Agencia Central de Inteligencia (CÍA) es un organismo que vio la luz a partir de la Overseas Secret Service (OSS) americana, de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Estados Unidos decide entrar en guerra contra el Eje, el presidente Roosevelt nombra embajador en Suiza nada menos que a Alien Dulles, prominente abogado de Wall Street de varias firmas, en las que tenían fuertes intereses los clanes Rockefeller y Harriman. La guerra era un tema especialmente espinoso para la élite de negocios anglonorteamericana, dado que venía colaborando con el régimen de Hitler, como ya hemos visto en capítulos anteriores. Por lo tanto, necesitaba efectuar discretas negociaciones con conspicuos miembros del régimen nazi a fin de que sus intereses económicos no se vieran severamente perjudicados una vez que la guerra hubiera terminado. Dulles era el encargado de establecer esos contactos. Y aunque en realidad era embajador de Estados Unidos, alternaba ese puesto con el de vocero y negociador de los grupos privados económicos norteamericanos con fuertes intereses en Europa y Alemania. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Alien Dulles desempeñó tan bien su papel —no se sabe si el de embajador o el de lobbista— que fue nombrado nada menos que presidente del CFR entre 1946 y 1950, luego subdirector de la CÍA entre 1950 y 1953, y director de la misma entre 1953 y 1961, cuando el presidente John Kennedy lo echó.
Al revés del FBI, la CÍA es frecuentemente presentada en series y películas de espionaje como una organización temible, capaz de realizar horribles crímenes. En realidad, es algo bastante peor. El propio origen de la CÍA se encuentra enlodado con los servicios secretos de Hitler. Cuando se comienza a hacer evidente que Alemania se rendiría, el jefe de espionaje de Hitler, general Reinhardt Gehlen, comienza a negociar con el gobierno norteamericano los términos de su rendición. Gehlen —excelente espía— tenía en su poder gran cantidad de documentación incriminatoria contra políticos y empresarios ingleses y norteamericanos. Por lo tanto, junto a un sobredimensionamiento del "peligro soviético" (que la élite no podía desconocer como exagerado) jugó la carta de la posible difusión de esa información a los medios de comunicación. Estados Unidos llegó a un rápido y fructífero acuerdo con Gehlen: el general no sólo quedaba libre, sino que además Estados Unidos contrataba sus servicios y lo utilizaba como práctico monopolista de los servicios de espionaje norteamericanos en Europa Oriental y Rusia. Ello no implicaba que Gehlen tuviera que infringir sus antiguas lealtades con colaboradores directos de Hitler. Todo lo contrario, Si el general juzgaba que en su accionar había una especie de lucha de lealtades" por tener que espiar tanto para Alemania como para Estados Unidos, podía privilegiar los intereses alemanes. Más aun, Gehlen reportó directamente al sucesor de Hitler, tras su suicidio: el almirante Karl Doenitz. Gehlen y muchos otros nazis empezaron a formar parte de la CÍA. Entre otros, habrían sido reclutados Klaus Barbie, Otto von Bolschwing (el cerebro del holocausto, que trabajó codo a codo con Adolf Eichmann) y el coronel de la SS Otto Skorzeny (un gran favorito de Hitler).
El origen non sancto de la CÍA, basado en un pacto perverso, favoreció que se llevaran a cabo operaciones secretas, no sólo ilegales sino también criminales. Una de las primeras operaciones en las que la CÍA se vio envuelta fue el llamado "Project Paperclip", a través del cual la CÍA seleccionó a un gran número de científicos, militares y colaboradores nazis de todo tipo para trabajar y vivir en Estados Unidos. Oficialmente, Estados Unidos ha reconocido la existencia de esta operación, pero reduce su área de influencia a proyectos de alcance limitado, como el desarrollo de la NASA por parte de científicos nazis como lo había sido, por ejemplo, Wemervon Braun. Esto es lo que Estados Unidos reconoce, pero es sólo la "punta del iceberg". En algunos lugares de EE.UU., como Huntsville (Alabama), habría habido radicaciones masivas de prominentes nazis alemanes tras la caída del III Reich, a los que se suele citar jurando la Constitución norteamericana con el brazo en alto, a la manera nacionalsocialista. Por ejemplo, nombrando sólo uno de los casos de migraciones ilegales y secretas a EE.UU., junto a Von Braun se suele olvidar mencionar que viajó a Estados Unidos el general Walter Dohrenberg, quien dirigía un campo de concentración y exterminio (que sólo figura en libros franceses sobre la guerra) llamado Dora, en el cual se usaba mano de obra esclava para desarrollar los proyectos armamentísticos diseñados por VonBraun. Dohrenberg era un criminal de guerra y no pudo ser juzgado en Nuremberg debido al "vía libre" que le fue otorgado gracias a la CÍA. El error se pagaría caro: a los pocos años Dohrenberg estaba mezclado con intereses de la oscura corporación PERMINDEX, envuelta en la financiación del crimen de Kennedy. Pero Dohrenberg estaba lejos de ser el único criminal nazi rescatado y enviado sano y salvo a Estados Unidos. Cuando se menciona que la Argentina, Brasil, Paraguay o Bolivia son países que dieron asilo a criminales nazis, generalmente se tiende a encubrir el apoyo que les fue dado por Estados Unidos y la CÍA.
Muchos de estos científicos nazis ayudaron a desarrollar en Estados Unidos el llamado "Proyecto MKUltra". Bajo dicha operación se llevaron a cabo experimentos de control mental con seres humanos sometiéndolos al influjo de drogas experimentales, radiación, electromagnetismo, etc. Se usaron secretamente presidiarios norteamericanos, y hasta se habrían incluido soldados, según Linda Hunt en su agotada obra Project Paperclip. En muchos casos, estos seres humanos convertidos en "conejillos de Indias" murieron. El trágicamente famoso LSD (ácido lisérgico) no sería otra cosa que un subproducto de investigaciones secretas de la CÍA de control mental en humanos con el fin de lograr "robots humanos" capaces de ser utilizados en particulares condiciones de hipnotismo en asesinatos y atentados. La CÍA habría desechado como herramental para estas operaciones al LSD por considerar que no cumplía los requisitos para inducir a seres humanos a que, en determinadas condiciones, recordaran órdenes olvidadas y pudieran "accionar gatillos" (el crimen de Robert Kennedy habría sido efectuado en estas condiciones). Pero la CÍA no perdió oportunidad, según varios autores(2), de sacar provecho de esta droga alucinógena, induciendo su consumo en la juventud norteamericana primero, y luego en el resto del mundo, durante los años '60.
(6) Ver en bibliografía Aciadreama, de Martin Lee y Bruce Shlain.
Las operaciones de la CÍA no se redujeron a contrabandear nazis a Estados Unidos ni a experimentos secretos con humanos como "conejillos de Indias". Intervino de forma cuasi militar en una vasta gama de países, organizando guerras y revoluciones, las que en muchos casos fueron financiadas con los presupuestos de los Estados nacionales y beneficiaron los intereses de la élite de negocios anglonorteamericana y de los propios agentes de la CÍA. La CÍA no sería otra cosa que el "brazo armado" de la élite y el CFR. Es por esa causa que no desaparece una vez extinguidos el régimen soviético y la KGB, cuando desaparece el enemigo. Ya hemos visto en el capítulo 3 cómo, según información recabada, entre otros, por Michel Chossudovsky, el terrorismo islámico no es otra cosa que un subproducto de la CÍA en Asia Central.
Una de las primeras operaciones efectuadas por la CÍA a nivel país, tras la Segunda Guerra Mundial, fue la denominada "Operación Gladio", en Italia. Ocurre que Italia era terreno fértil para que un gobierno de izquierda, probablemente comunista, surgiera en 1948.5 Si bien, como hemos visto, a la élite el comunismo no le disgusta, esto es sólo en determinadas condiciones: cuando los empresarios de la élite mantienen en su poder los medios de producción, o cuando sirve para derrocar a regímenes que impiden a la élite "ingresar fuerte" en algunos países (Rusia antes de la revolución bolchevique). Pero en cualquier otra circunstancia, un régimen de izquierda o comunista atenta fácilmente contra los intereses de los empresarios que dirigen el CFR. Por eso resultaba altamente inconveniente que en Italia triunfara la izquierda. La "Operación Gladio", mediante la incesante propaganda acerca de la supuesta peligrosidad de la izquierda en Italia, logró su cometido de impedir el ascenso de ella al poder. Pero no era una cuestión sólo de propaganda. Mediante la "Operación Gladio" se armó a 15.000 hombres en Italia, dispuestos a dar un golpe de Estado en caso de un triunfo en las urnas de la izquierda.
5 Que a la élite le apetezca cierta clase de colectivismo no significa que le guste la generación espontánea de socialismos que pondrían en jaque su propiedad en medios de producción. Recuérdese la frase de Henry Kissinger a propósito de Chile y Allende: "No debería dejarse que un país vaya al marxismo sólo porque su gente es irresponsable" (ver The Trini of Henry Kissinger, de Christopher Hitchens, Verso, 2001).
El modelo de actividad de la CÍA en Italia fue virtualmente copiado en Francia y Alemania. En el primero de esos países los varios atentados que sufrió el presidente Charles de Gaulle fueron atribuidos a la CÍA y sus socios. Pero, volviendo a Italia, la actividad de la CÍA no se redujo al impedir el ascenso de la izquierda al poder. Dado que tras la experiencia de Mussolini la población se volcaba filosóficamente más a la izquierda, la CÍA decidió mantener a la misma "a raya" generando y financiando ejércitos terroristas de izquierda (Brigadas Rojas) a través de la actividad de la logia masónica Propaganda Due (P2) a fin de mantener instalado en los medios de comunicación y en la mente de la población la idea de la enorme peligrosidad y violencia potencial que significaría la izquierda en el poder. Para ello, la CÍA no dudó en mantener inalterados los estrechos contactos que poseía con la mafia siciliana y la camorra napolitana desde fines de la Segunda Guerra. Tampoco dudó en mirar para otro lado cuando las Brigadas Rojas asesinaron al primer ministro italiano, Aldo Moro, en 1978, o cuando volaron la estación de tren de Bologna matando a decenas de inocentes. Las frecuentes noticias acerca de los lazos de ex políticos italianos, que ocuparon altísimos cargos de poder, con la mafia (por ejemplo, la prensa y la justicia italianas nombraban con frecuencia a Giulio Andreotti, entre otros) deben entenderse como engranajes de una maquinaria mayor utilizada como una estrategia de la CÍA.
Especial atención merece la "obra" de la CÍA en Vietnam, no precisamente misionera de la democracia y el capitalismo.
La guerra de Vietnam
No habían dejado de tronar los últimos cañones de la Segunda Guerra Mundial cuando a las "mentes brillantes" que luego formarían la CÍA se les ocurrió una maquiavélica idea. Como había un estado de guerra en Indochina entre los franceses y las tropas vietnamitas de ideología comunista de Ho Chi Minh, decidieron aprovecharse de la situación. Dado que los franceses eran considerados en la zona en el largo plazo como más peligrosos por los norteamericanos, éstos decidieron armar "hasta los dientes" a los comunistas insurrectos. Aparentemente, Laurance Rockefeller habría tenido (según Norman Livergood, en The new US British oil imperialism) mucho que ver en la decisión dado que ocupaba el puesto de vicegobernador en la vecina isla de Okínawa. Al hablar de Laurence Rockefeller nos referimos al mismo que decidió volcar ingentes recursos a financiar fundaciones para el estudio de los platos voladores (llegó a prologar libros al respecto). Los comunistas vietnamitas derrotaron entonces a los franceses. La ocasión estaba dada para que los "gendarmes de la libertad" entraran en acción. Los norteamericanos pensaron que era tarea fácil quedarse con las ex colonias francesas. Y decidieron entonces matar varios pájaros de un tiro: luchar contra los vietnamitas comunistas les podía ofrecer un pretexto que consideraban válido para ingresar en una guerra que escondía muy sórdidos intereses económicos. Entre ellos, uno de los principales era el petróleo. Siempre según Livergood, ya desde los años '20 existía un estudio escrito por el ex presidente Herbert Hoover que demostraba la existencia de petróleo en el mar del sur de China, justamente a lo largo de la costa vietnamita. Fue precisamente en la década del 50 cuando se perfeccionó un método para extraer petróleo submarino. Ni lerdos ni perezosos, los miembros de la élite petrolera norteamericana decidieron no perder la ocasión. Por supuesto, sin la CÍA hubiera sido imposible. En resumidas cuentas, Estados Unidos inventó una guerra contra el comunismo, como fue la de Vietnam, uno de cuyos objetivos económicos principales era en realidad explorar íntegramente la costa vietnamita del mar del sur de China.
Mientras los soldados norteamericanos y vietnamitas morían de a miles en las pantanosas junglas asiáticas y decenas de miles de civiles inocentes perdían sus vidas, los barcos encargados de las exploraciones petroleras realizaban explosiones en la costa de Vietnam. Se equivoca quien cree que estaban disparando: estaban haciendo explotar minas en el fondo submarino, a fin de conocer con los nuevos métodos de exploración petrolera dónde había petróleo y dónde no. Claro que, de lejos, daba toda la sensación de que los barcos estaban dando una mano a los pobres soldados norteamericanos. Debe entenderse bien lo que estaba sucediendo. Mientras Estados Unidos entregaba sus jóvenes para morir en una guerra —de la cual escaparon personajes como Clinton y Bush a pesar de contar, en aquella época, con la edad ideal de reclutamiento— y mientras el pueblo financiaba con el pago de impuestos la concreción de esas matanzas, al oligopolio petrolero y a la élite que domina el negocio les estaba saliendo gratis la exploración de la que se consideraba en aquel entonces una de las cuencas de hidrocarburos más rica del mundo. Peor aún: si la Standard Oil hubiera decidido explorar en medio de un proceso de paz esa costa, probablemente hubiera obtenido la oposición en las Naciones Unidas de Francia, Vietnam, China y Japón. Obviamente, se necesitaba una guerra para poder llevar a cabo la operación de manera sigilosa y efectiva en un ciento por ciento, Livergood señala que "aun observadores muy cercanos sólo habrían visto pequeñas explosiones diarias en las aguas del mar del sur de China, y hubieran pensado que eso era parte de la guerra (...)", y que la Standard Oil no gastó un solo centavo en estas tareas. Veinte años más tarde y luego de que 57 mil americanos y medio millón de vietnamitas murieran, la Standard Oil tenía datos suficientes sobre todo el petróleo existente en el mar, por lo que la guerra bien podía concluir. Henry Kissinger (asistente personal de Nelson Rockefeller) representó a Estados Unidos en las conversaciones de paz llevadas acabo en París, y obtuvo el Nóbel (). Cuando años más tarde Vietnam licitó la explotación del petróleo en sus costas, casi todas las empresas petroleras que intentaron extraer hidrocarburos perdieron vastas sumas de dinero, al excavar donde no había nada. Una sola empresa dio en la tecla y licitó sólo las áreas donde había mucho petróleo. Livergood nos devela algo que no es precisamente un misterio: la Standard Oil.
Pero sería injusto decir que el petróleo fue la única causa de la guerra de Vietnam. Hubo otras. Una de ellas, también muy importante. Por supuesto que no fue tanto la lucha contra el comunismo, tan caro al ideario de Brzezinski y David Rockefeller. Se trataba nada menos que de la necesidad de controlar, sin "moros en la costa", la producción y la salida marítima del producto derivado de lo que suele ser el mejor negocio del llamado "Triángulo Dorado" (Tailandia, Burma, Laos): la heroína. Varios autores señalan en sus obras las frecuentes y fructíferas exportaciones de heroína de esta zona a Estados Unidos. Entre ellos, una de quienes mejor lo han hecho es la periodista Penny Lernoux, quien en su obra póstuma In banks we trust, aparecida en 1984, muestra cómo la heroína que salía de Indochina arribaba a San Francisco vía Australia. En la misma obra, Lernoux devela el misterio de cuáles son los principales bancos implicados en el lavado del dinero del narcotráfico de la zona: nombra y hasta muestra en gráficos al Chase Manhattan Bank y al Citibank. Lernoux murió en 1989, a poco de asumir Bush padre como presidente.
No debe extrañar al lector, entonces, que haya acaecido la sangrienta guerra de Vietnam, sobre todo si había petróleo y posibilidades de procesar opio en zonas cercanas. La CÍA era especialista en armar los escenarios, poner los señuelos y desinformar a través de los medios de comunicación de lo que realmente estaba sucediendo. Tampoco debe extrañar que en países vecinos haya habido en la misma época cruentas guerras civiles, como por ejemplo el siniestro caso de Camboya (República Kampuchea). En su breve pero detallada obra (The CÍA greatest hits), Mark Zepezauer detalla los horrores que todos pudimos ver en el film The killíng fields, cuando el proceso de colectivización agrícola forzada llevada a cabo por el criminal Pol Pot mató brutalmente nada menos que a un tercio de toda la población camboyana, con el apoyo encubierto de la CÍA. Si la excusa en Vietnam había sido el comunismo, en Camboya no había ninguna excusa ideológica: no había comunismo antes de que la CÍA instaurara el régimen comunista de los Khmer Rouge. Sería largo, tedioso, citar todas las grandes operaciones de la CÍA en sus tristes cincuenta años de vida: de la frustrada operación de Bahía de los Cochinos en Cuba hasta el Golpe de los Coroneles en Grecia; desde el golpe militar contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 hasta la masacre de suicidio colectivo de Johnstown, Guyana, donde la CÍA habría llevado a cabo un experimento de control colectivo; desde el derrocamiento del gobierno legítimo de Guatemala de Jacobo Arbenz, efectuado simplemente para impedir una reforma agraria que hubiera ido en detrimento de la United Fruit (empresa de la familia Rockefeller), hasta su participación en el escándalo de Watergate, y en las muertes de los hermanos Kennedy, Martin LutherKing, Malcolm X, etc., etc.
La CIA y el Vaticano
La CIA no conoce límites tampoco cuando se trata de religiones. En su obra Por voluntad de Dios, David Yallop muestra con lujo de detalles cómo la muerte del papa Juan Pablo I, Albino Luciani, habría sido obra de socios de la CIA (la logia masónica P2, el Banco Ambrosiano y el Instituto perle Opere Religiose) y algunos de sus agentes infiltrados en el Vaticano (el cardenal norteamericano Paul Marcinkus). Juan Pablo I habría estado en completo desacuerdo con los lazos financieros existentes entre el Vaticano y la banca italiana socia de la CÍA (Banco Ambrosiano), y deseaba no sólo romper esos lazos que se habían fortificado con el papa Paulo VI sino también difundir episodios de corrupción relacionados con las finanzas vaticanas, hacer un mea culpa en nombre de la Iglesia. De hecho, iba a depurar la Curia romana al día siguiente de su muerte. El intento de Juan Pablo I de separar a Roma de los socios de la CIA concluyó abruptamente con lo que habría sido su envenenamiento. Con Juan Pablo II, quien desde joven era un ferviente anticomunista, el Vaticano se habría prestado* no sólo a seguir manteniendo en secreto la cadena de corrupción que Juan Pablo I estaba por revelar, sino también a acentuar los lazos entre el Vaticano y la CIA. Al respecto, durante los años '80 habría permitido que la CIA canalizara fondos a través de organizaciones relacionadas con el Vaticano al sindicato Solidaridad, que en la ciudad polaca de Gdansk (el ex corredor de Danzig) venía organizando revueltas contra el régimen comunista polaco. La CIA veía a Polonia como un país estratégico para acelerar la caída del régimen comunista de la URSS. En la tesis oficial, increíblemente expresada en Victory. The Reagan administration's secret strategy that hastened the colapse of the Soviet Union, Peter Schweizer comenta, tras la euforia del triunfo sobre el comunismo de la era Reagan-Bush, cómo la Unión Soviética cayó como consecuencia directa de la estrategia y los ingentes esfuerzos realizados en ese sentido por la CIA. O sea, algo muy distinto de la tesis que los propios Estados Unidos suelen divulgar en los medios, caracterizada por focalizar la ineficiencia del régimen soviético, sin citar en ninguna parte a la CÍA.
Es necesario hacer notar que la colaboración entre el Vaticano y la CIA para financiar a Solidaridad se dio —quizá no casualmente en forma mayoritaria— tras el fallido atentado contra el papa Juan Pablo II en mayo de 1981, cuya autoría en los medios se adjudicó a los servicios secretos búlgaros y a la KGB. Algo muy diferente habría ocurrido, en realidad, dado que, como bien documenta Edward Hermán en The rise and fall of the Bulgarian connection, la supuesta conexión entre Bulgaria, la KGIS y el asesino Alí Agca no era otra cosa que un invento de la CIA. Nunca pudo comprobarse fidedignamente que la CIA hubiera estado atrás del atentado (habría sido un escándalo mundial)* pero, si lo hubiera estado, entonces podríamos observar con claridad el clásico "doble beneficio" que la CÍA suele sacar de muchas de sus actividades criminales: comete un crimen que le conviene con fines políticos y, simultáneamente, en forma de propaganda difunde en los medios que el autor del crimen fue el enemigo. A veces hay hasta un "tercer beneficio"; se gana dinero.
Pero quizá mucho más peligrosa que las propias operaciones de la CÍA es la infiltración que la misma realiza en los medios de comunicación. En su artículo "CNN: The covered newsnetwork", el periodista Grog Bishop señala:
"En un artículo de 1977 en Roling Stone, el ganador del premio Pulitzer (junto a Bob Woodward) por el escándalo de Watergate, Cari Bernstein, descubrió una lisia de más de 400 periodistas y una cantidad de editores y empresarios de medios de comunicación que básicamente habían estado 'estampillando' propaganda de la CÍA desde los años '50. El grupo incluía las revistas Life y Time, la cadena CBS e incluso a Arthur Sulzberger (...)".
Para quienes el apellido Sulzberger nada diga, basta con mencionar que es la máxima cabeza empresarial y quien establece la línea editorial del supuestamente independiente New York Times. Si ya en 1977 la CÍA tenía 400 activistas camuflados de periodistas, dueños de medios de comunicación y editores,¿cuántos puede tener en 2003? Quizás ahora podamos tener una mejor idea de lo ocurrido en los años '90 con los medios de comunicación en América latina, cuando un amigo del ex director de la CÍA Bush padre (Tom Hicks) invirtió enormes sumas en la región para comprar canales de TV, estaciones de radio y cadenas de cable, casi al por mayor, pagando lo que nunca podían llegar a valer por sus propios resultados comerciales. ¿Tenemos la CÍA en casa cada vez que prendemos la TV?
La CÍA en las Universidades
Pero no sólo los medios de comunicación han sido "presa fácil", desde ya hace mucho tiempo, de la agencia de inteligencia semi secreta norteamericana, que en realidad está al serviciode una reducida élite anglonorteamericana. En un mega sitio de la red (www.ciaoncampus.org) podemos encontrar información reveladora en un artículo de David Gibbs titulado "Academics and spies";
"Durante los años '40 y '50, la CÍA y la inteligencia militar estaban entre las mayores fuentes de apoyo financiero a los científicos sociales estadounidenses. En Europa, la agencia apoyaba secretamente a algunos de los escritores más conocidos y a estudiosos a través del Congreso para la Libertad Cultural (...) Desde 1996, la CÍA ha hecho público que, de acuerdo con expertos en inteligencia, la estrategia de reclutar objetivos académicos de top priority, ha resultado bien".
La infiltración de la CÍA abarcaría prácticamente todo el aparato educativo universitario norteamericano. El objetivo de la agencia de inteligencia no sólo habría sido reclutar entre sus filas a científicos, profesores, educadores, sino también a alumnos, y muchas veces a alumnos extranjeros.
El historiador Bruce Cummings, conocido por su historia en dos volúmenes de la guerra de Corea, se ha ocupado especialmente de este tema. Según Cummings, "demasiados estudiosos hoy, particularmente en el ámbito de las relaciones internacionales, colaboran con el gobierno. Es común que muchos jóvenes y viejos sean reclutados por el National Security Council o por la CÍA como consultores por un tiempo". Particularmente significativa resulta la mención que, en el mismo mega sitio y en el artículo homónimo, Robert Witanek efectúa sobre el reclutamiento de estudiantes extranjeros. Veamos:
"Hacia inicios de los años '50, el programa se había expandido para incluir el reclutamiento de estudiantes extranjeros en universidades norteamericanas, a fin de servir como agentes de la CIA cuando retornaran a sus respectivos países. El reclutamiento de estudiantes extranjeros tenía sus raíces en programas anteriores de fines de los años '30 y de los años '40, cuando estudiantes de países amigos eran admitidos en las academias militares norteamericanas. Sus servicios eran especialmente deseados por Estados Unidos, dado que cuando retornaran a sus países formarían parte de la élite militar de sus respectivas naciones. A través de ellos, Estados Unidos esperaba influenciar la marcha de los acontecimientos en esos países y acceder a información en los trabajos secretos de sus respectivos gobiernos. Hacia fines de los años '70, alrededor de 5 mil académicos estaban haciendo su aplicación para entrar a la CÍA(...). Existían comités que monitoreaban todo el tiempo a los 250 mil estudiantes extranjeros en Estados Unidos a fin de seleccionar entre 200 y 300 futuros agentes de la CIA. Alrededor de 60% de los profesores, investigadores y administradores de las universidades estaba totalmente al tanto y recibía compensación directa de la CIA como empleados contratados, o se les entregaban becas de investigación por su rol como reclutadores encubiertos de la CÍA."
¿Dónde queda, entonces, el supuesto prestigio que en el mundo ganaron desde los años '70 las universidades norteamericanas? Durante muchos años, para numerosas familias de todo el mundo resultaba altamente deseable que sus hijos efectuaran cursos de grado o posgrado en Estados Unidos. Supuestamente, la formación científica era muy superior a la de otras universidades. Lo que no sabíamos era que, además de la manipulación del conocimiento científico que antes señalamos como una constante deseada por la élite financiero petrolera, generalmente dueña, financiadora o directora de las universidades, los estudiantes extranjeros iban a estar bajo un constante monitoreo de la CIA con el fin de ganar agentes en el exterior y, por si fuera poco, que más de la mitad de los profesores recibían y reciben pagos de la CIA para "facilitar" el acceso a los alumnos.
Pero las sorpresas no terminan allí. En el informe oficial conocido popularmente como el "Church Committee Report" del Congreso norteamericano, en la página 189, se señala:
"(...) La CÍA está usando ahora a unos cientos de académicos norteamericanos, quienes adicionalmente a proporcionar pistas y presentaciones por cuestiones de inteligencia, ocasionalmente escriben libros y otro material para ser usado con fines de propaganda en el exterior. (...) Estos académicos están localizados en más de cien universidades e institutos norteamericanos."
Quizás ahora también podamos entender con más precisión lo que ocurrió con John Nash y con el discreto encubrimiento que han sufrido sus descubrimientos acerca de la falsedad de las teorías de Adam Smith, frente a la sobre exposición de teorías económicas sin real basamento científico (como la llamada "escuela de expectativas racionales" de Lucas). El "Church Committee Report" fue escrito en 1976. ¿Cuánto más habrá avanzado la infiltración de la CIA en directores, profesores y alumnos de universidades norteamericanas, desde aquella época? En el mismo trabajo, Volksman señala:
"Yale ha sido terreno fértil en el reclutamiento de agentes de la CÍA desde que la Agencia comenzó en 1946. En realidad, muchos de los primeros ejecutivos de la CÍA proceden de Yale y de otras escuelas de la IVY, por la cual la CÍA fue acusada durante muchos años de corresponder a los intereses del establishment anglonorteamericano. La acusación era verdad: 25% de los ejecutivos top de la CÍA habían sido alumnos de Yale."
En el mismo trabajo se señala que la universidad norteamericana que es la principal base de reclutamiento de alumnos extranjeros, para que al retorno a sus países se desempeñen como agentes de la CIA, es nada menos que... la Universidad de Harvard. Ahora puede que algunas cosas acerca del grado de penetración que la política y la propaganda del CFR han realizado en el mundo queden más claras. ¿Cuántos funcionarios europeos, latinoamericanos, asiáticos y africanos han estudiado en Harvard?
Cabe mencionar que las tres universidades norteamericanas que más fondos manejan son, no por casualidad: primero, la Universidad de Harvard*, principal socia universitaria de la CÍA, y segundo, la Universidad de Yale, casa de estudios de los Bush, Harriman, Rockefeller y la aristocracia norteamericana que maneja la CÍA.
Pero las actividades de la CÍA en el mundo universitario y en la cultura no se ha reducido a infiltrar universidades en todos sus niveles. Francés Stonor Saunders, en la CÍA y la guerra fría cultural, nos muestra cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, la CÍA se logró infiltrar en prácticamente todos los espacios de la cultura. Muchas veces lo hacía mediante fundaciones "filantrópicas" y congresos culturales, así como también exposiciones, conciertos y hasta giras de orquestas sinfónicas. También describe cómo la CÍA subvencionaba ambiciosos programas editoriales, y hasta se ocupaba de realizar traducciones a todos los idiomas. Stonor Saunders asimismo narra cómo las revistas de toda Europa y otros lugares del mundo compensaban la caída en ingresos por publicidad mediante supuestos mecenas tras los cuales se escondía la CÍA, Quizá lo peor de todo, siempre según Stonor Saunders, es cómo muchos de los más elocuentes exponentes de la libertad intelectual de Occidente se convirtieron en instrumento de los servicios secretos estadounidenses. En buena cantidad de ocasiones, la manipulación de intelectuales por parte de la CÍA se daba incluso sin que éstos lo supieran, y generalmente aun cuando no les gustara.
* El director del fondo de inversiones, Robert Stone, está casado con una Rockefeller e invirtió, para desgracia de los profesores de esa universidad, fuertes sumas en acciones de la Enron antes de la caída. Se ve que no aprende de la experiencia, dado que hace muchos años, cuando "Dubya" Bush era accionista de Harken, decidió invertir en esa firma. Claro que Bush vendió las acciones a precios cercanos al máximo de la época, mientras que el fondo de inversión de la Universidad de Harvard tuvo que soportar, estoico, la baja de las acciones de la Harken de US$ 4 a cerca de USS 1 por unidad.
El FBI (Federal Bureau of Investigations) no es otra cosa que una "policía paralela" interna en Estados Unidos. La visión un tanto romántica de las series y películas norteamericanas acerca de los laboriosos e incorruptibles agentes, que muchas veces se quedan a trabajar a deshoras para resolver tétricos crímenes comiendo fría comida china llevada a domicilio, no es otra cosa que propaganda de cuarta calidad. Muchas veces hemos oído hablar acerca de los crueles crímenes de la Gestapo de Hitler. La Gestapo no era otra cosa que una policía paralela. De la misma manera que el FBI, desde su instauración en 1935 por el ex presidente Franklin Delano Koosevelt (reconocido miembro de una sociedad secreta), opera en el mismo sentido. El FBI fue dirigido durante más de tres décadas por un siniestro personaje, también miembro de una sociedad secreta: J Edgar Hoover. Bajo el comando de Hoover, el FBI realizó todo tipo de operaciones internas. Por ejemplo, manipuló al senador Joseph McCarthy durante los años '50 para que llevara a cabo su famosa "cruzada anticomunista" y llevó a la práctica, durante décadas, el racista y temible Counter Intelligence Program (COINTELPRO), mediante el cual los agentes del FBI espiaban las actividades de los miembros más importantes de todas las minorías raciales en Estados Unidos (incluidos los indígenas en las reservas). El FBI no se limitó a espiar, sino que en muchas ocasiones actuó de manera violenta contra quienes creyó que podían poner en relativo jaque la supremacía blanca y anglosajona en todas las estructuras de poder norteamericanas. Mientras todo esto ocurría silenciosamente, sin que los medios de comunicación divulgaran la menor noticia al respecto, J. Edgar Hoover era mostrado profusamente en los medios como un paladín de la lucha contra el crimen, como el "tío bueno" que todo americano deseaba tener. Hoover era temido aun por personajes muy poderosos debido a que poseía archivos personales de empresarios, políticos e intelectuales. No los coleccionaba, sino que los usaba con fines extorsivos. El inescrupuloso mandamás del FBI fue puesto y mantenido en su cargo directamente por la élite. Existen muchas especulaciones de que J. Cdgar Hoover era en realidad hijo bastardo de uno de los miembros de la élite y hasta se dice que habría sido concebido en uno de los rituales de una sociedad secreta.
Los Organismos internacionales
El control social y global no se lleva a cabo solamente mediante la existencia de lúgubres organizaciones como la CÍA y el FBI. También han sido creados con el mismo objetivo una gran profusión de organismos internacionales. Muchos de ellos se generaron después de la Primera Guerra Mundial, mientras se gestaba la propia existencia del CFR. Otros, en cambio, vieron la luz luego de la Segunda Guerra Mundial.
Las Naciones Unidas fueron creadas después de la Primera Guerra Mundial, con el supuesto fin prioritario de evitar otra guerra tan atroz como la de 1914-1918. Sin embargo, poco más de dos décadas más tarde, el mundo se veía envuelto en un conflicto bélico mucho peor. El nombre que se le dio inicialmente a las Naciones Unidas (Sociedad de las Naciones) debió ser cambiado, y su estatuto interno también, debido en buena manera al pésimo concepto que las poblaciones de todo el mundo tenían de la Sociedad de las Naciones. Si bien las Naciones Unidas poseen, a través de varios organismos satélites, muchos programas de ayuda humanitaria, existe la creencia —no sin fundamento— de que tras el fin de la Guerra Fría este organismo se ha convertido en una especie de títere de los deseos de Estados Unidos y, por vía indirecta, del CFR.
El apoyo que logro en 1990 Bush padre en el ámbito de las Naciones Unidas para ir a la guerra contra Irak, a pesar de haber basado sus tesis en mentiras y engaños, muestra a las claras que el organismo, como mínimo, no estuvo a la altura de las circunstancias. Que George W. Bush, en el 2002, no haya logrado la aprobación de las Naciones Unidas para ir de vuelta a la guerra con Irak, no significa que la ONU haya ganado espacios de libertad e independencia como organismo, sino que las poblaciones de varios de los países más importantes del mundo comienzan a darse cuenta de que muchos de sus líderes los han sometido a procesos de manipulación y, por lo tanto, ya no puede tomarse la decisión de encolumnarse tras Estados Unidos e Inglaterra sin pagar enormes costos. Este sano proceso por el cual en muchos países se generaliza la conciencia de que tras las guerras casi nunca se esconden objetivos de justicia es un producto no deseado y muy temido por la élite. A fin de medir este progreso en la concientización de los pueblos basta con mencionar que en 1990 Bush padre no sólo logró aprobar mediante las Naciones Unidas la guerra contra Saddam Hussein, sino que además, en un gambito diabólicamente magistral, logró facturarles la guerra a Alemania, Arabia Saudita, Japón y el emir de Kuwait. En efecto, durante 1991 y 1992 ingresaron a Estados Unidos unos 60 mil millones de dólares de esas cuatro naciones como pago por haber llevado en forma exitosa la llamada Desert Storm (operación Tormenta del Desierto). En realidad, Bush no estaba inventando nada nuevo cuando creó un nuevo producto de exportación: la guerra. Había aprendido lo suficiente de sus "padrinos" de la élite financiero petrolera que hacía siglos venían financiando guerras en Europa, América y el resto del mundo, con el fin de debilitar los Estados nacionales, a los cuales, tras las contiendas, se les imponían duras condiciones para pagar el financiamiento de ellas. Las Naciones Unidas, en toda su existencia, no se movieron un ápice para prohibir o limitar la financiación de guerras. Los conflictos bélicos serían imposibles si nadie los financiara, o si hubiera un boicot a financiar empresas armamentísticas. Por lo contrario, se puede "narcotizar" la conciencia social acerca de la verdadera naturaleza de estos organismos internacionales, que muchas veces han servido para dotar de un barniz de legalidad a sangrientos conflictos entre países, generalmente se nombra al comando de las Naciones Unidas a un miembro de la raza negra o a un latinoamericano, lo que también da un barniz de pluralismo, tolerancia y supuesta democracia, en lo que muchas veces no es otra cosa que una parodia.
Si bien el control político que la élite ejerce sobre la sociedad global se da a través de las Naciones Unidas y sus organismos satélite, el control económico se hace merced al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BIRF) y demás organismos satélite como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estas entidades fueron creadas tras la Segunda Guerra Mundial. La función del FMI era, en aquella época, ayudar a mantener un esquema de paridades de cambio fijas contra el oro. En el caso de muchos países subdesarrollados, que poseían pocas reservas de oro y divisas, y que emitían fuertes cantidades de papel moneda, lo que a veces provocaba inflación, el objetivo del FMI era generalmente prestarles a fin de que pudieran realizar sus pagos externos a cambio de un ajuste interno y de una devaluación de su moneda comparable con el grado de emisión monetaria e inflación que dichos países habían padecido antes. De esta forma, el objetivo del FMI en realidad no era otra cosa que mantener a la vez inalterado el sistema de pagos internacionales y las relaciones de precios relativos entre las naciones del mundo. Este concepto, que muchas veces permanece a oscuras, implicaba en realidad decidir tácitamente qué países debían industrializarse y cuáles no, y poseía un efecto a la vez determinante en la distribución mundial del ingreso. O sea, se decidía también implícitamente qué sociedades podían enriquecerse y cuáles no. Una vez que un país comenzaba a endeudarse fuertemente con el FMI, perdía todo tipo de libertad, sea quien fuere quien estuviese en su gobierno, para realizar cualquier tipo de políticas sociales que no tuvieran la autorización expresa del organismo internacional. Por lo tanto, tras la fachada de un supuesto "hospital" de países económicamente "enfermos", se escondía en realidad un carcelero, un gendarme que realizaba exigencias a los gobiernos a cambio de los fondos para pagar las deudas. Cuando en los años '70 Nixon retira a Estados Unidos del sistema de paridades fijas contra el oro, y el sistema de Bretton Woods estalla en mil pedazos, el FMI debió replantearse su misión. Por supuesto, la meta principal de asistir a los países para que éstos pudieran pagar sus deudas quedó inalterada, pero ya no queda régimen de paridades fijas entre monedas para defender.
En muchas ocasiones, cada vez más acentuadas durante los años '90 e inicios del nuevo milenio, el FMI ha hecho la "vista gorda" ante gruesas inconsistencias macro económicas de muchos países miembros. El caso argentino es un ejemplo clásico. Se sabía que el régimen de convertibilidad no podía ser mantenido indefinidamente y que, cuanto más tarde fuera el ajuste, más doloroso sería para la Argentina, porque más deuda pública y privada se acumulaba para sostener la irreal paridad cambiaría de uno a uno entre peso y dólar. A pesar de ello, el FMI hizo la "vista gorda" ante este factor, porque los grandes acreedores de la Argentina, que posibilitaban la ficción de uno a uno entre el peso y el dólar no eran los grandes bancos de Nueva York y Londres sino millones de pequeños inversores tenedores de bonos y deuda estatales, millones de aportantes a las sociedades de jubilación y pensión (AFJP) y de pequeños inversionistas en fondos de inversión. Mientras fuera posible seguir colocando bonos de deuda argentinos en los mercados, los grandes bancos norteamericanos e ingleses podían seguir cobrando honorarios y comisiones muy jugosos sin arriesgar un solo centavo de su propio capital en operaciones de crédito a la Argentina. Por lo tanto, los damnificados de una potencial crisis financiera como la que acaeció a fines de 2001 no iban a ser precisamente los miembros de la élite financiero petrolera. Más bien, todo lo contrario: la situación de extrema debilidad en la que cayó la Argentina les hacía ganar posiciones a la hora de negociar con eventuales gobiernos argentinos futuras inversiones y préstamos al país.
Es necesario tener en cuenta, entonces, que es imposible que a todos los funcionarios del FMI relacionados con la Argentina se les haya "escapado" la inevitabilidad de la crisis. El punto es que, mientras en WallStreet se podía seguir ganando con canjes, mega canjes, etc., etc., no resultaba conveniente acelerar la salida de la convertibilidad, aunque luego esto se pagara muy caro. Además, una vez de rodillas, la Argentina perdería más independencia y grados de libertad en sus decisiones internas. Ello era un objetivo de la élite.
Hemos citado el caso argentino simplemente porque quizá sea uno de los más paradigmáticos y porque muestra a las claras cómo el FMI, lejos de cumplir como debiera con una verdadera tarea en un mundo realmente democrático, está al servicio de los intereses de unos pocos clanes familiares y de las mega corporaciones que éstos poseen.
La situación del BIRF (Banco Mundial) es aún más clara de comprender. Directamente esta entidad financia proyectos de inversión que los países luego deben contratar con grandes corporaciones privadas situadas precisamente en los países de la élite. Si lo pensamos bien, no es algo muy diferente de en lo que en su momento fue el denominado "Plan Marshall". O sea, aquel plan por medio del cual los contribuyentes norteamericanos financiaban a los países europeos devastados por la Segunda Guerra Mundial para que les compraran productos con cash a las grandes corporaciones privadas norteamericanas. Dicho de otra manera, los pequeños y medianos contribuyentes norteamericanos estaban financiando las ganancias de los empresarios más ricos de Estados Unidos. Nada muy diferente sucede con el BIRF. Esta entidad presta fondos a los países subdesarrollados para que realicen proyectos de inversión. Pero la independencia de estos países a la hora de realizar las contrataciones y licitaciones para dichas inversiones es muy limitada. Nuevamente, son los medianos y pequeños los que subsidian la ganancia de los grandes. Para que este esquema pueda mantenerse, obviamente, es necesario comprar la conciencia y el silencio de una gran cantidad de economistas que cobran jugosos honorarios por "trabajos de consultoría" financiados por el FMI, el BIRF, el BID, etc., que en realidad luego se suelen archivar, sin peso alguno, en las decisiones finales crediticias y de contrataciones. Todo el sistema económico financiero global, entonces, está especialmente diseñado para que, tras una aparente legalidad y legitimidad en préstamos, deudas y contrataciones, se esconda en realidad el interés exclusivo de mega corporaciones privadas y de la élite financiero petrolera anglonorteamericana.
Hemos hablado ya en apartados de este y otros capítulos acerca de la necesidad de que todo este cuadro "cierre" mediante el control social y global que ejercen los más grandes medios de comunicación. Por lo tanto, no volveremos a repetir los conceptos acerca de quiénes son los reales dueños de los multimedios globales, y de cómo se manipula a la opinión pública, Sólo haremos referencia a que el medio que suele ser priorizado por la élite como forma primordial de masificar y desinformar es la televisión.
Vale la pena recordar que a fines de los '40, durante todos los '50 y principios de los '60 la televisión crece en EE.UU. como un emprendimiento estatal. Los empresarios de la élite petrolera financiera norteamericana habían convencido a los funcionarios de la necesidad de destinar fondos públicos para la enorme inversión que era necesaria. Durante aquellos años de TV estatal, las petroleras fueron las principales anunciantes en los programas televisivos. Su participación no se limitaba a la publicidad, sino que se extendía a los contenidos. Por ejemplo, debe recordarse cómo en muchos países se transmitía una versión propia del "Reporter Esso". Cuando el Estado hubo realizado todo el gasto con fondos provenientes de los contribuyentes, la misma élite convenció a funcionarios de las administraciones de Lyndon Johnson y Richard Nixon de la necesidad de que la TV se manejara a través de manos privadas. Ya estaban hechas las principales inversiones. Las familias ya tenían aparatos de TV en las casas. Ahora la televisión era un negocio rentable, ¿Para qué dejarlo en manos del Estado? Además, para ejercer un máximo control social es mejor manejar directamente los medios y sus noticiarios que aportar publicidad y digitar noticias de forma indirecta al estilo "Reporter Esso". A su vez, las tres principales mega cadenas de TV de EE.UU.,la CBS, la NBC y la ABC, son en realidad empresas originadas en el antiguo mega monopolio radial RCA. La élite habría decidido generar tres cadenas televisivas, en vez de una, con el fin de crearla ilusión de competencia. A su vez, la RCA fue generada principalmente por el banco Morgan, la United Fruit (Rockefeller) y tres empresas en las que la banca Morgan posee fuertes interesesdes de que sus fundadores (Thomas A. Edison, Graham Bell y Westinghouse respectivamente) fueron prácticamente "despojados" mediante ardides de sus acciones. Se trata nada menos que de las actuales General Electric, ATT y Westinghouse.
No debe extrañarnos, entonces, que recientemente el presidente George Bush hijo haya aprobado una controvertida legislación en Estados Unidos luego suspendida por el Congreso, (aunque no se sabe por cuánto tiempo) que permite que las cadenas privadas de televisión compren debilitados diarios y periódicos regionales y estaduales norteamericanos. Es sólo una aparente paradoja que esta legislación fuera aprobada y llevada acabo justamente por el mismo personaje que en la era de Nixon y Ford había impedido que los diarios regionales y estaduales compraran canales estaduales de televisión. La paradoja es sólo aparente porque la televisión, a pequeña escala, durante los años '70 estaba surgiendo en Estados Unidos como una herramienta de la élite para lograr una mayor homogeneización en la información a la cual poblaciones de alejadas regiones podían acceder. Lo que acaba de aprobar Bush en el 2003, y aún no logró llevar a cabo ya, entonces, en el mismo sentido: lo que se permite es que pequeños diarios antiguamente independientes sean adquiridos y dependan editorialmente de canales de televisión, pertenecientes a las grandes cadenas. Como se ve, el control de la información y la política comunicacional interna de Estados Unidos está cada vez más concentrada en unas pocas manos. Lamentablemente, algo no muy diferente ha venido sucediendo en todo el mundo en forma cada vez más acelerada.
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7. PODER Y SOCIEDADES SECRETAS
Los hijos de la élite, alrededor de 0.1%, iban a las escuelas llamadas "academias"', y se les enseñaba a pensar y ser independientes. Alrededor del 5,5% iba a las Realfichulen, donde se les enseñaba parcialmente cómo pensar. El otro 34% iba a las Volksschuíen, donde se los inducía a ser un seguidor y un buen ciudadano.
Acerca del sistema de educación de Prusia, en Addresses to Germans, por Johann Fichte.
Hay dos historias: la historia oficial, embustera, que se enseña ad usum delphini, y la historia secreta, en la que se encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos: una historia vergonzosa.
Honoré de Balzac.
Hemos visto en capítulos anteriores la existencia de una especie de gobierno mundial en las sombras: el CFR. Ahora bien, dijimos que el CFR posee cerca de 3 mil miembros, un 80% de los cuales es estadounidense. Pensar en un gobierno en el que se expresan simultáneamente 3 mil voces, 3 mil opiniones, 3 mil ideas, es claramente una utopía. Están dentro del CFR los que van a hablar, y están los que van a escuchar. En otras palabras, hemos mencionado que en el CFR hay una gran cantidad de educadores, periodistas, abogados, economistas, políticos, empresarios, etc. Dentro de esa variada gama están aquellos para los cuales tan sólo figurar en el CFR es un gran honor y son convocados para infiltrar en sus organizaciones el ideario del CFR, y están aquellos para los cuales figurar dentro es una tarea imprescindible a fin de "bajar linea" a una gran cantidad de miembros del CFR que no son más que ejecutores, dentro de sus respectivos ámbitos de acción, de las políticas que piensa y decide la élite. La élite es un número de gente mucho más reducido. Hay en el CFR miembros de la élite, pero... ¿cómo se organiza la élite?, ¿cómo decide qué líneas de acción seguir a fin de que los miembros del CFR puedan cumplimentarlas en sus respectivos ámbitos? Ya hemos dicho que muchas veces una idea que resulta apetecible a la élite es divulgada por sus miembros dentro de los ámbitos del CFR con el fin de que aparezcan por anticipado críticas y señalamientos contra ella. De esta manera, los integrantes de la élite, por anticipado, pueden tener una acabada idea del grado y tipo de oposición que sus deseos de dominio global pueden generar dentro de las sociedades cuando esas ideas sean anunciadas. Ello les permite muchas veces lanzar políticas de dominio con cierto "marketing" previo que las hace aparecer como democráticas y como conducentes para alcanzar fines supuestamente altruistas. El grado de resistencia popular a esas ideas es, entonces, mucho menor.
Cuando nos hemos referido a la élite, generalmente lo hemos hecho en términos de la élite anglonorteamericana. Es hora de explicar mejor qué significa esto. En realidad el Reino Unido y Estados Unidos son dos países diferentes, pero sus clases dominantes guardan muchas similitudes. Ambas son WASP (White AngloSaxon Protestant). La alta aristocracia norteamericana, en la que suelen abundar algunos apellidos totalmente desconocidos para el gran público, está compuesta casi íntegramente por descendientes de colonos ingleses del siglo XVII que se establecieron generalmente en Massachusetts y zonas cercanas. Por generaciones y generaciones, los descendientes de esas familias de colonos se fueron casando entre sí. Los llamados "padres de la república" descienden directamente de esos colonos. Esta idea elitista —casi racista— de no juntarse ni aparearse con personas ajenas a lo considerado racialmente óptimo ha mantenido a la élite en su pretensión de ser casi racialmente pura. Cuando mencionamos que algunos árboles genealógicos de la familia Bush llevan su ascendencia hasta los lejanos reyes ingleses del siglo XIII, estamos diciendo algo que puede resultar un detalle, casi una curiosidad, para el gran público. Pero no resulta ningún detalle ni ninguna curiosidad, ni para la alta aristocracia norteamericana e inglesa, ni para los llamados "nuevos ricos". O sea, los clanes burgueses, billonarios, que obtuvieron sus fortunas generalmente financiados por banqueros ingleses durante el siglo XIX, y desarrollaron así en Estados Unidos el petróleo, los ferrocarriles, la banca, etc. En otras palabras, los denominados robber baron».
Hemos señalado también cómo incluso la religión de la élite (la religión nominal, se entiende) coincide con la religión existente en el Reino Unido. El episcopalianismo de la aristocracia norteamericana es sólo una "sucursal" de la iglesia anglicana, que nació como un desprendimiento de Roma. Recordemos que, para los anglicanos, el Papa no es otro que el rey de Inglaterra, representado por el obispo de Canterbury. Las élites inglesa y norteamericana ingresaron en conflicto entre sí muchas veces, y en varias otras se disputaron vastas zonas del mundo. Sin embargo, estas peleas que muchas veces solían traducirse en guerras deberían ser vistas más como riñas internas dentro de un mismo grupo dominante, que como enfrentamientos entre dos enemigos. Suele ocurrir en muchísimos grupos humanos que, aun dentro de un mismo y homogéneo núcleo de gente, con intereses y filosofías afines, existan peleas para ver en ultimo término quién ejerce el liderazgo
Pues bien, hasta la Primera Guerra Mundial, el liderazgo dentro de este grupo lo tenía indudablemente la élite inglesa. Londres era la metrópoli mundial, la moneda de reserva era la libra y Estados Unidos era sólo una ex colonia muy importante, en desarrollo y rápido ascenso. Pero el liderazgo de Londres era indiscutido. Las cosas empezaron a cambiar después de la Primera Guerra Mundial, y durante el desarrollo de la Segunda ya resultaba claro que el liderazgo había virado hacia Washington DC y Nueva York. Quizás una muestra de ello pueda tenerse con una simple anécdota. Cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, el flamante embajador norteamericano en Londres consultó con lord Winston Churchill un pedido del gobierno del presidente Truman para que dejara esa embajada y se desempeñara como secretario de Comercio, la respuesta de Churchill fue: "El poder, ahora, está en Washington". Si Estados Unidos y el Reino Unido fueran dos naciones totalmente independientes entre sí, con clases dominantes que tuvieran intereses contrapuestos, el aristócrata embajador americano en Londres, W. Averell Harriman, jamás hubiera hecho esa consulta al primer ministro inglés. Y, por supuesto, el primer ministro inglés jamás hubiera admitido que el poder estaba en Washington...
Mientras el liderazgo del poder estuvo en Londres, la élite inglesa ejercía su influencia a través de una sociedad secreta denominada "The Group". Esta sociedad secreta se situaba —y se sitúa aún hoy— en la Universidad de Oxford. A medida que el liderazgo iba pasando cada vez más a Estados Unidos, la élite norteamericana —y la inglesa que la seguía y la sigue— ejercía y ejerce su dominio a través de una sociedad secreta cuyo nombre es Skull & Bones (Calavera y Huesos), afincada en la super elitista Universidad de Yale en Connecticut.
La Orden
Esta sociedad secreta, cuyo emblema es una calavera y dos huesos cruzados al estilo de la bandera pirata, existe desde mucho antes que Estados Unidos comenzara a ejercer el liderazgo mundial. Skull & Bones fue fundada en Estados Unidos en el año 1833. Su carácter secreto es abrumador. Sus miembros ni siquiera pueden admitir que pertenecen a Skull & Bones. Sin embargo, George Bush hijo lo ha reconocido en su autobiografía A charge to keep(
Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad.
Bertolt Brecht.
Hemos visto la estructura de poder que la élite banquero petrolera generó, desde inicios de los años '20, en torno del CFR y de dos de sus organizaciones satélite: el grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral. Sin embargo, por más poderosa, rica e influyente que la élite fuera, y por más bien organizados que estuvieran el CFR y sus entidades satélite, habría sido impensable la posibilidad de la idea de crear la globalización sin la existencia simultánea de mecanismos de control en todos los ámbitos de la sociedad, y en todo el mundo.
La élite percibió, entonces, que debía extender su poder desde los centros en los que se apoya: Nueva York, Washington DC y Londres, a las principales ciudades de todo el mundo. Para ello necesitaba, en primer lugar, reduplicar su propia estructura, generando otros thinktanks "a imagen y semejanza" del propio CFR, incluso dirigidos por miembros del CFR y de la Comisión Trilateral, a fin de poder infiltrar en forma adecuada las estructuras estatales de poder de terceros países. De esta manera, una gran multiplicidad de organizaciones cuyo supuesto fin es el intercambio y el estímulo a la creación de ideas para desarrollos regionales han sido creadas en el mundo a lo largo del siglo XX. El objetivo real de estos thinktanks es, en cambio, bien diferente. La idea básica es tomar contacto con políticos, economistas, periodistas, diputados, senadores y funcionarios públicos de variada gama. El objetivo de establecer esos vínculos sería influir en la toma de decisiones de los respectivos países, y en los medios de prensa, a fin de controlar tanto a los gobiernos como a la opinión pública y hacer, de esta manera, más fácil la agenda de la globalización.
En el caso de Latinoamérica, es la Americas Society la organización encargada por el CFR para presionar por la adopción de medidas que no obstruyan la globalización. En El cerebro del mundo. La cara oculta de la globalización, de Adrián Salbuchi, se pueden encontrar, además de mucha información valiosa, listados enteros de miembros permanentes de la Americas Society. Se trata de personas susceptibles de padecer el lobby de la élite norteamericana e inocularlo en los gobiernos, partidos políticos, la prensa y organizaciones empresariales. Una mención especial merecen, según la misma obra, los únicos tres latinoamericanos miembros oficiales de la Comisión Trilateral en febrero de 2001. En dicha organización aparecen a esa fecha sólo quince personas que no son estadounidenses, europeos ni japoneses, entre sus cerca de 300 miembros. Pero citemos textualmente a Salbuchi en la página 404 de El cerebro del mundo:
"...sólo tres de estos quince son de nuestro continente, el nombrado Cavallo, el brasileño Roberto Egydio Setübal (presidente ejecutivo del Banco Itaú de Brasil), y el uruguayo Enrique V. Iglesias (presidente del BID). Un cuarto latinoamericano, el mediático escritor ultraliberal y ex candidato presidencial peruano Mario Vargas Llosa, es también miembro de la Trilateral representando a la Real Academia Española, por tener también nacionalidad española".
La reduplicación de estas estructuras, conformadas como consejos consultivos entre empresarios e intelectuales, va incluso más allá, dado que también se generan dentro de los propios países. En el caso argentino, es necesario mencionar al CARI (Consejo Argentino de Relaciones Internacionales).1 Pero los hay prácticamente en
1 La lista de miembros argentinos del CARI es sorprendente. En las páginas 392/4 de El cerebro del mundo figuran los nombres. Entre sus miembros internacionales aparecen George Bush padre, Bill Clinton y Heniy Kissinger,
todos los países de la región o asociaciones de países. La utilidad de estas estructuras de poder es, como puede observarse, muy importante para la élite. Por un lado, puede desechar todo tipo de teorías conspirativas con el argumento de que solo se trata de grupos de personas interesadas en el mejor desarrollo de los países. Por lo tanto, no sólo puede ocultar sus fines de dominio global, sino que también hasta puede ofrecer a la opinión pública desprevenida la idea de objetivos filantrópicos. Lo cierto es que difícilmente el núcleo de personas que conforman la Americas Society y el CARI, entre otras organizaciones, en general estrechamente vinculadas a empresas y partidos políticos, destinen tiempo, esfuerzos y recursos económicos si no hay atrás la posibilidad de ejercer cargos de poder o de beneficiarse económicamente. La adhesión personal a estos thinktanks suele ser una especie de "contrato tácito" por el cual los miembros dan parte de su tiempo, sus energías, sus recursos (cuando es el caso de empresas) y hasta sus cerebros a cambio de posibles y probables beneficios económicos, importantes cargos empresariales y posibles y probables puestos políticos. Pero el control del CFR —y de la élite que lo domina sobre el mundo, a fin de generar la globalización, no se detiene en reduplicaciones permanentes del propio CFR, sino que abarca otros ámbitos de acción: la seguridad, inteligencia, represión (y hasta la educación) a través de organizaciones semi secretas como la CÍA y el FBI; el control político y militar de los países a través de las Naciones Unidas, principalmente, y, finalmente, el control económico y financiero a través del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y sus entidades anexas o subsidiarias. Por último, el control global y social se completa mediante la influencia en las masas de los mega medios globalizados de comunicación, entre los que sobresale por varias causas la televisión. Efectuaremos un somero repaso de los mismos.
La CÍA y el FBI
La Agencia Central de Inteligencia (CÍA) es un organismo que vio la luz a partir de la Overseas Secret Service (OSS) americana, de la Segunda Guerra Mundial. Cuando Estados Unidos decide entrar en guerra contra el Eje, el presidente Roosevelt nombra embajador en Suiza nada menos que a Alien Dulles, prominente abogado de Wall Street de varias firmas, en las que tenían fuertes intereses los clanes Rockefeller y Harriman. La guerra era un tema especialmente espinoso para la élite de negocios anglonorteamericana, dado que venía colaborando con el régimen de Hitler, como ya hemos visto en capítulos anteriores. Por lo tanto, necesitaba efectuar discretas negociaciones con conspicuos miembros del régimen nazi a fin de que sus intereses económicos no se vieran severamente perjudicados una vez que la guerra hubiera terminado. Dulles era el encargado de establecer esos contactos. Y aunque en realidad era embajador de Estados Unidos, alternaba ese puesto con el de vocero y negociador de los grupos privados económicos norteamericanos con fuertes intereses en Europa y Alemania. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, Alien Dulles desempeñó tan bien su papel —no se sabe si el de embajador o el de lobbista— que fue nombrado nada menos que presidente del CFR entre 1946 y 1950, luego subdirector de la CÍA entre 1950 y 1953, y director de la misma entre 1953 y 1961, cuando el presidente John Kennedy lo echó.
Al revés del FBI, la CÍA es frecuentemente presentada en series y películas de espionaje como una organización temible, capaz de realizar horribles crímenes. En realidad, es algo bastante peor. El propio origen de la CÍA se encuentra enlodado con los servicios secretos de Hitler. Cuando se comienza a hacer evidente que Alemania se rendiría, el jefe de espionaje de Hitler, general Reinhardt Gehlen, comienza a negociar con el gobierno norteamericano los términos de su rendición. Gehlen —excelente espía— tenía en su poder gran cantidad de documentación incriminatoria contra políticos y empresarios ingleses y norteamericanos. Por lo tanto, junto a un sobredimensionamiento del "peligro soviético" (que la élite no podía desconocer como exagerado) jugó la carta de la posible difusión de esa información a los medios de comunicación. Estados Unidos llegó a un rápido y fructífero acuerdo con Gehlen: el general no sólo quedaba libre, sino que además Estados Unidos contrataba sus servicios y lo utilizaba como práctico monopolista de los servicios de espionaje norteamericanos en Europa Oriental y Rusia. Ello no implicaba que Gehlen tuviera que infringir sus antiguas lealtades con colaboradores directos de Hitler. Todo lo contrario, Si el general juzgaba que en su accionar había una especie de lucha de lealtades" por tener que espiar tanto para Alemania como para Estados Unidos, podía privilegiar los intereses alemanes. Más aun, Gehlen reportó directamente al sucesor de Hitler, tras su suicidio: el almirante Karl Doenitz. Gehlen y muchos otros nazis empezaron a formar parte de la CÍA. Entre otros, habrían sido reclutados Klaus Barbie, Otto von Bolschwing (el cerebro del holocausto, que trabajó codo a codo con Adolf Eichmann) y el coronel de la SS Otto Skorzeny (un gran favorito de Hitler).
El origen non sancto de la CÍA, basado en un pacto perverso, favoreció que se llevaran a cabo operaciones secretas, no sólo ilegales sino también criminales. Una de las primeras operaciones en las que la CÍA se vio envuelta fue el llamado "Project Paperclip", a través del cual la CÍA seleccionó a un gran número de científicos, militares y colaboradores nazis de todo tipo para trabajar y vivir en Estados Unidos. Oficialmente, Estados Unidos ha reconocido la existencia de esta operación, pero reduce su área de influencia a proyectos de alcance limitado, como el desarrollo de la NASA por parte de científicos nazis como lo había sido, por ejemplo, Wemervon Braun. Esto es lo que Estados Unidos reconoce, pero es sólo la "punta del iceberg". En algunos lugares de EE.UU., como Huntsville (Alabama), habría habido radicaciones masivas de prominentes nazis alemanes tras la caída del III Reich, a los que se suele citar jurando la Constitución norteamericana con el brazo en alto, a la manera nacionalsocialista. Por ejemplo, nombrando sólo uno de los casos de migraciones ilegales y secretas a EE.UU., junto a Von Braun se suele olvidar mencionar que viajó a Estados Unidos el general Walter Dohrenberg, quien dirigía un campo de concentración y exterminio (que sólo figura en libros franceses sobre la guerra) llamado Dora, en el cual se usaba mano de obra esclava para desarrollar los proyectos armamentísticos diseñados por VonBraun. Dohrenberg era un criminal de guerra y no pudo ser juzgado en Nuremberg debido al "vía libre" que le fue otorgado gracias a la CÍA. El error se pagaría caro: a los pocos años Dohrenberg estaba mezclado con intereses de la oscura corporación PERMINDEX, envuelta en la financiación del crimen de Kennedy. Pero Dohrenberg estaba lejos de ser el único criminal nazi rescatado y enviado sano y salvo a Estados Unidos. Cuando se menciona que la Argentina, Brasil, Paraguay o Bolivia son países que dieron asilo a criminales nazis, generalmente se tiende a encubrir el apoyo que les fue dado por Estados Unidos y la CÍA.
Muchos de estos científicos nazis ayudaron a desarrollar en Estados Unidos el llamado "Proyecto MKUltra". Bajo dicha operación se llevaron a cabo experimentos de control mental con seres humanos sometiéndolos al influjo de drogas experimentales, radiación, electromagnetismo, etc. Se usaron secretamente presidiarios norteamericanos, y hasta se habrían incluido soldados, según Linda Hunt en su agotada obra Project Paperclip. En muchos casos, estos seres humanos convertidos en "conejillos de Indias" murieron. El trágicamente famoso LSD (ácido lisérgico) no sería otra cosa que un subproducto de investigaciones secretas de la CÍA de control mental en humanos con el fin de lograr "robots humanos" capaces de ser utilizados en particulares condiciones de hipnotismo en asesinatos y atentados. La CÍA habría desechado como herramental para estas operaciones al LSD por considerar que no cumplía los requisitos para inducir a seres humanos a que, en determinadas condiciones, recordaran órdenes olvidadas y pudieran "accionar gatillos" (el crimen de Robert Kennedy habría sido efectuado en estas condiciones). Pero la CÍA no perdió oportunidad, según varios autores(2), de sacar provecho de esta droga alucinógena, induciendo su consumo en la juventud norteamericana primero, y luego en el resto del mundo, durante los años '60.
(6) Ver en bibliografía Aciadreama, de Martin Lee y Bruce Shlain.
Las operaciones de la CÍA no se redujeron a contrabandear nazis a Estados Unidos ni a experimentos secretos con humanos como "conejillos de Indias". Intervino de forma cuasi militar en una vasta gama de países, organizando guerras y revoluciones, las que en muchos casos fueron financiadas con los presupuestos de los Estados nacionales y beneficiaron los intereses de la élite de negocios anglonorteamericana y de los propios agentes de la CÍA. La CÍA no sería otra cosa que el "brazo armado" de la élite y el CFR. Es por esa causa que no desaparece una vez extinguidos el régimen soviético y la KGB, cuando desaparece el enemigo. Ya hemos visto en el capítulo 3 cómo, según información recabada, entre otros, por Michel Chossudovsky, el terrorismo islámico no es otra cosa que un subproducto de la CÍA en Asia Central.
Una de las primeras operaciones efectuadas por la CÍA a nivel país, tras la Segunda Guerra Mundial, fue la denominada "Operación Gladio", en Italia. Ocurre que Italia era terreno fértil para que un gobierno de izquierda, probablemente comunista, surgiera en 1948.5 Si bien, como hemos visto, a la élite el comunismo no le disgusta, esto es sólo en determinadas condiciones: cuando los empresarios de la élite mantienen en su poder los medios de producción, o cuando sirve para derrocar a regímenes que impiden a la élite "ingresar fuerte" en algunos países (Rusia antes de la revolución bolchevique). Pero en cualquier otra circunstancia, un régimen de izquierda o comunista atenta fácilmente contra los intereses de los empresarios que dirigen el CFR. Por eso resultaba altamente inconveniente que en Italia triunfara la izquierda. La "Operación Gladio", mediante la incesante propaganda acerca de la supuesta peligrosidad de la izquierda en Italia, logró su cometido de impedir el ascenso de ella al poder. Pero no era una cuestión sólo de propaganda. Mediante la "Operación Gladio" se armó a 15.000 hombres en Italia, dispuestos a dar un golpe de Estado en caso de un triunfo en las urnas de la izquierda.
5 Que a la élite le apetezca cierta clase de colectivismo no significa que le guste la generación espontánea de socialismos que pondrían en jaque su propiedad en medios de producción. Recuérdese la frase de Henry Kissinger a propósito de Chile y Allende: "No debería dejarse que un país vaya al marxismo sólo porque su gente es irresponsable" (ver The Trini of Henry Kissinger, de Christopher Hitchens, Verso, 2001).
El modelo de actividad de la CÍA en Italia fue virtualmente copiado en Francia y Alemania. En el primero de esos países los varios atentados que sufrió el presidente Charles de Gaulle fueron atribuidos a la CÍA y sus socios. Pero, volviendo a Italia, la actividad de la CÍA no se redujo al impedir el ascenso de la izquierda al poder. Dado que tras la experiencia de Mussolini la población se volcaba filosóficamente más a la izquierda, la CÍA decidió mantener a la misma "a raya" generando y financiando ejércitos terroristas de izquierda (Brigadas Rojas) a través de la actividad de la logia masónica Propaganda Due (P2) a fin de mantener instalado en los medios de comunicación y en la mente de la población la idea de la enorme peligrosidad y violencia potencial que significaría la izquierda en el poder. Para ello, la CÍA no dudó en mantener inalterados los estrechos contactos que poseía con la mafia siciliana y la camorra napolitana desde fines de la Segunda Guerra. Tampoco dudó en mirar para otro lado cuando las Brigadas Rojas asesinaron al primer ministro italiano, Aldo Moro, en 1978, o cuando volaron la estación de tren de Bologna matando a decenas de inocentes. Las frecuentes noticias acerca de los lazos de ex políticos italianos, que ocuparon altísimos cargos de poder, con la mafia (por ejemplo, la prensa y la justicia italianas nombraban con frecuencia a Giulio Andreotti, entre otros) deben entenderse como engranajes de una maquinaria mayor utilizada como una estrategia de la CÍA.
Especial atención merece la "obra" de la CÍA en Vietnam, no precisamente misionera de la democracia y el capitalismo.
La guerra de Vietnam
No habían dejado de tronar los últimos cañones de la Segunda Guerra Mundial cuando a las "mentes brillantes" que luego formarían la CÍA se les ocurrió una maquiavélica idea. Como había un estado de guerra en Indochina entre los franceses y las tropas vietnamitas de ideología comunista de Ho Chi Minh, decidieron aprovecharse de la situación. Dado que los franceses eran considerados en la zona en el largo plazo como más peligrosos por los norteamericanos, éstos decidieron armar "hasta los dientes" a los comunistas insurrectos. Aparentemente, Laurance Rockefeller habría tenido (según Norman Livergood, en The new US British oil imperialism) mucho que ver en la decisión dado que ocupaba el puesto de vicegobernador en la vecina isla de Okínawa. Al hablar de Laurence Rockefeller nos referimos al mismo que decidió volcar ingentes recursos a financiar fundaciones para el estudio de los platos voladores (llegó a prologar libros al respecto). Los comunistas vietnamitas derrotaron entonces a los franceses. La ocasión estaba dada para que los "gendarmes de la libertad" entraran en acción. Los norteamericanos pensaron que era tarea fácil quedarse con las ex colonias francesas. Y decidieron entonces matar varios pájaros de un tiro: luchar contra los vietnamitas comunistas les podía ofrecer un pretexto que consideraban válido para ingresar en una guerra que escondía muy sórdidos intereses económicos. Entre ellos, uno de los principales era el petróleo. Siempre según Livergood, ya desde los años '20 existía un estudio escrito por el ex presidente Herbert Hoover que demostraba la existencia de petróleo en el mar del sur de China, justamente a lo largo de la costa vietnamita. Fue precisamente en la década del 50 cuando se perfeccionó un método para extraer petróleo submarino. Ni lerdos ni perezosos, los miembros de la élite petrolera norteamericana decidieron no perder la ocasión. Por supuesto, sin la CÍA hubiera sido imposible. En resumidas cuentas, Estados Unidos inventó una guerra contra el comunismo, como fue la de Vietnam, uno de cuyos objetivos económicos principales era en realidad explorar íntegramente la costa vietnamita del mar del sur de China.
Mientras los soldados norteamericanos y vietnamitas morían de a miles en las pantanosas junglas asiáticas y decenas de miles de civiles inocentes perdían sus vidas, los barcos encargados de las exploraciones petroleras realizaban explosiones en la costa de Vietnam. Se equivoca quien cree que estaban disparando: estaban haciendo explotar minas en el fondo submarino, a fin de conocer con los nuevos métodos de exploración petrolera dónde había petróleo y dónde no. Claro que, de lejos, daba toda la sensación de que los barcos estaban dando una mano a los pobres soldados norteamericanos. Debe entenderse bien lo que estaba sucediendo. Mientras Estados Unidos entregaba sus jóvenes para morir en una guerra —de la cual escaparon personajes como Clinton y Bush a pesar de contar, en aquella época, con la edad ideal de reclutamiento— y mientras el pueblo financiaba con el pago de impuestos la concreción de esas matanzas, al oligopolio petrolero y a la élite que domina el negocio les estaba saliendo gratis la exploración de la que se consideraba en aquel entonces una de las cuencas de hidrocarburos más rica del mundo. Peor aún: si la Standard Oil hubiera decidido explorar en medio de un proceso de paz esa costa, probablemente hubiera obtenido la oposición en las Naciones Unidas de Francia, Vietnam, China y Japón. Obviamente, se necesitaba una guerra para poder llevar a cabo la operación de manera sigilosa y efectiva en un ciento por ciento, Livergood señala que "aun observadores muy cercanos sólo habrían visto pequeñas explosiones diarias en las aguas del mar del sur de China, y hubieran pensado que eso era parte de la guerra (...)", y que la Standard Oil no gastó un solo centavo en estas tareas. Veinte años más tarde y luego de que 57 mil americanos y medio millón de vietnamitas murieran, la Standard Oil tenía datos suficientes sobre todo el petróleo existente en el mar, por lo que la guerra bien podía concluir. Henry Kissinger (asistente personal de Nelson Rockefeller) representó a Estados Unidos en las conversaciones de paz llevadas acabo en París, y obtuvo el Nóbel (). Cuando años más tarde Vietnam licitó la explotación del petróleo en sus costas, casi todas las empresas petroleras que intentaron extraer hidrocarburos perdieron vastas sumas de dinero, al excavar donde no había nada. Una sola empresa dio en la tecla y licitó sólo las áreas donde había mucho petróleo. Livergood nos devela algo que no es precisamente un misterio: la Standard Oil.
Pero sería injusto decir que el petróleo fue la única causa de la guerra de Vietnam. Hubo otras. Una de ellas, también muy importante. Por supuesto que no fue tanto la lucha contra el comunismo, tan caro al ideario de Brzezinski y David Rockefeller. Se trataba nada menos que de la necesidad de controlar, sin "moros en la costa", la producción y la salida marítima del producto derivado de lo que suele ser el mejor negocio del llamado "Triángulo Dorado" (Tailandia, Burma, Laos): la heroína. Varios autores señalan en sus obras las frecuentes y fructíferas exportaciones de heroína de esta zona a Estados Unidos. Entre ellos, una de quienes mejor lo han hecho es la periodista Penny Lernoux, quien en su obra póstuma In banks we trust, aparecida en 1984, muestra cómo la heroína que salía de Indochina arribaba a San Francisco vía Australia. En la misma obra, Lernoux devela el misterio de cuáles son los principales bancos implicados en el lavado del dinero del narcotráfico de la zona: nombra y hasta muestra en gráficos al Chase Manhattan Bank y al Citibank. Lernoux murió en 1989, a poco de asumir Bush padre como presidente.
No debe extrañar al lector, entonces, que haya acaecido la sangrienta guerra de Vietnam, sobre todo si había petróleo y posibilidades de procesar opio en zonas cercanas. La CÍA era especialista en armar los escenarios, poner los señuelos y desinformar a través de los medios de comunicación de lo que realmente estaba sucediendo. Tampoco debe extrañar que en países vecinos haya habido en la misma época cruentas guerras civiles, como por ejemplo el siniestro caso de Camboya (República Kampuchea). En su breve pero detallada obra (The CÍA greatest hits), Mark Zepezauer detalla los horrores que todos pudimos ver en el film The killíng fields, cuando el proceso de colectivización agrícola forzada llevada a cabo por el criminal Pol Pot mató brutalmente nada menos que a un tercio de toda la población camboyana, con el apoyo encubierto de la CÍA. Si la excusa en Vietnam había sido el comunismo, en Camboya no había ninguna excusa ideológica: no había comunismo antes de que la CÍA instaurara el régimen comunista de los Khmer Rouge. Sería largo, tedioso, citar todas las grandes operaciones de la CÍA en sus tristes cincuenta años de vida: de la frustrada operación de Bahía de los Cochinos en Cuba hasta el Golpe de los Coroneles en Grecia; desde el golpe militar contra Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 hasta la masacre de suicidio colectivo de Johnstown, Guyana, donde la CÍA habría llevado a cabo un experimento de control colectivo; desde el derrocamiento del gobierno legítimo de Guatemala de Jacobo Arbenz, efectuado simplemente para impedir una reforma agraria que hubiera ido en detrimento de la United Fruit (empresa de la familia Rockefeller), hasta su participación en el escándalo de Watergate, y en las muertes de los hermanos Kennedy, Martin LutherKing, Malcolm X, etc., etc.
La CIA y el Vaticano
La CIA no conoce límites tampoco cuando se trata de religiones. En su obra Por voluntad de Dios, David Yallop muestra con lujo de detalles cómo la muerte del papa Juan Pablo I, Albino Luciani, habría sido obra de socios de la CIA (la logia masónica P2, el Banco Ambrosiano y el Instituto perle Opere Religiose) y algunos de sus agentes infiltrados en el Vaticano (el cardenal norteamericano Paul Marcinkus). Juan Pablo I habría estado en completo desacuerdo con los lazos financieros existentes entre el Vaticano y la banca italiana socia de la CÍA (Banco Ambrosiano), y deseaba no sólo romper esos lazos que se habían fortificado con el papa Paulo VI sino también difundir episodios de corrupción relacionados con las finanzas vaticanas, hacer un mea culpa en nombre de la Iglesia. De hecho, iba a depurar la Curia romana al día siguiente de su muerte. El intento de Juan Pablo I de separar a Roma de los socios de la CIA concluyó abruptamente con lo que habría sido su envenenamiento. Con Juan Pablo II, quien desde joven era un ferviente anticomunista, el Vaticano se habría prestado* no sólo a seguir manteniendo en secreto la cadena de corrupción que Juan Pablo I estaba por revelar, sino también a acentuar los lazos entre el Vaticano y la CIA. Al respecto, durante los años '80 habría permitido que la CIA canalizara fondos a través de organizaciones relacionadas con el Vaticano al sindicato Solidaridad, que en la ciudad polaca de Gdansk (el ex corredor de Danzig) venía organizando revueltas contra el régimen comunista polaco. La CIA veía a Polonia como un país estratégico para acelerar la caída del régimen comunista de la URSS. En la tesis oficial, increíblemente expresada en Victory. The Reagan administration's secret strategy that hastened the colapse of the Soviet Union, Peter Schweizer comenta, tras la euforia del triunfo sobre el comunismo de la era Reagan-Bush, cómo la Unión Soviética cayó como consecuencia directa de la estrategia y los ingentes esfuerzos realizados en ese sentido por la CIA. O sea, algo muy distinto de la tesis que los propios Estados Unidos suelen divulgar en los medios, caracterizada por focalizar la ineficiencia del régimen soviético, sin citar en ninguna parte a la CÍA.
Es necesario hacer notar que la colaboración entre el Vaticano y la CIA para financiar a Solidaridad se dio —quizá no casualmente en forma mayoritaria— tras el fallido atentado contra el papa Juan Pablo II en mayo de 1981, cuya autoría en los medios se adjudicó a los servicios secretos búlgaros y a la KGB. Algo muy diferente habría ocurrido, en realidad, dado que, como bien documenta Edward Hermán en The rise and fall of the Bulgarian connection, la supuesta conexión entre Bulgaria, la KGIS y el asesino Alí Agca no era otra cosa que un invento de la CIA. Nunca pudo comprobarse fidedignamente que la CIA hubiera estado atrás del atentado (habría sido un escándalo mundial)* pero, si lo hubiera estado, entonces podríamos observar con claridad el clásico "doble beneficio" que la CÍA suele sacar de muchas de sus actividades criminales: comete un crimen que le conviene con fines políticos y, simultáneamente, en forma de propaganda difunde en los medios que el autor del crimen fue el enemigo. A veces hay hasta un "tercer beneficio"; se gana dinero.
Pero quizá mucho más peligrosa que las propias operaciones de la CÍA es la infiltración que la misma realiza en los medios de comunicación. En su artículo "CNN: The covered newsnetwork", el periodista Grog Bishop señala:
"En un artículo de 1977 en Roling Stone, el ganador del premio Pulitzer (junto a Bob Woodward) por el escándalo de Watergate, Cari Bernstein, descubrió una lisia de más de 400 periodistas y una cantidad de editores y empresarios de medios de comunicación que básicamente habían estado 'estampillando' propaganda de la CÍA desde los años '50. El grupo incluía las revistas Life y Time, la cadena CBS e incluso a Arthur Sulzberger (...)".
Para quienes el apellido Sulzberger nada diga, basta con mencionar que es la máxima cabeza empresarial y quien establece la línea editorial del supuestamente independiente New York Times. Si ya en 1977 la CÍA tenía 400 activistas camuflados de periodistas, dueños de medios de comunicación y editores,¿cuántos puede tener en 2003? Quizás ahora podamos tener una mejor idea de lo ocurrido en los años '90 con los medios de comunicación en América latina, cuando un amigo del ex director de la CÍA Bush padre (Tom Hicks) invirtió enormes sumas en la región para comprar canales de TV, estaciones de radio y cadenas de cable, casi al por mayor, pagando lo que nunca podían llegar a valer por sus propios resultados comerciales. ¿Tenemos la CÍA en casa cada vez que prendemos la TV?
La CÍA en las Universidades
Pero no sólo los medios de comunicación han sido "presa fácil", desde ya hace mucho tiempo, de la agencia de inteligencia semi secreta norteamericana, que en realidad está al serviciode una reducida élite anglonorteamericana. En un mega sitio de la red (www.ciaoncampus.org) podemos encontrar información reveladora en un artículo de David Gibbs titulado "Academics and spies";
"Durante los años '40 y '50, la CÍA y la inteligencia militar estaban entre las mayores fuentes de apoyo financiero a los científicos sociales estadounidenses. En Europa, la agencia apoyaba secretamente a algunos de los escritores más conocidos y a estudiosos a través del Congreso para la Libertad Cultural (...) Desde 1996, la CÍA ha hecho público que, de acuerdo con expertos en inteligencia, la estrategia de reclutar objetivos académicos de top priority, ha resultado bien".
La infiltración de la CÍA abarcaría prácticamente todo el aparato educativo universitario norteamericano. El objetivo de la agencia de inteligencia no sólo habría sido reclutar entre sus filas a científicos, profesores, educadores, sino también a alumnos, y muchas veces a alumnos extranjeros.
El historiador Bruce Cummings, conocido por su historia en dos volúmenes de la guerra de Corea, se ha ocupado especialmente de este tema. Según Cummings, "demasiados estudiosos hoy, particularmente en el ámbito de las relaciones internacionales, colaboran con el gobierno. Es común que muchos jóvenes y viejos sean reclutados por el National Security Council o por la CÍA como consultores por un tiempo". Particularmente significativa resulta la mención que, en el mismo mega sitio y en el artículo homónimo, Robert Witanek efectúa sobre el reclutamiento de estudiantes extranjeros. Veamos:
"Hacia inicios de los años '50, el programa se había expandido para incluir el reclutamiento de estudiantes extranjeros en universidades norteamericanas, a fin de servir como agentes de la CIA cuando retornaran a sus respectivos países. El reclutamiento de estudiantes extranjeros tenía sus raíces en programas anteriores de fines de los años '30 y de los años '40, cuando estudiantes de países amigos eran admitidos en las academias militares norteamericanas. Sus servicios eran especialmente deseados por Estados Unidos, dado que cuando retornaran a sus países formarían parte de la élite militar de sus respectivas naciones. A través de ellos, Estados Unidos esperaba influenciar la marcha de los acontecimientos en esos países y acceder a información en los trabajos secretos de sus respectivos gobiernos. Hacia fines de los años '70, alrededor de 5 mil académicos estaban haciendo su aplicación para entrar a la CÍA(...). Existían comités que monitoreaban todo el tiempo a los 250 mil estudiantes extranjeros en Estados Unidos a fin de seleccionar entre 200 y 300 futuros agentes de la CIA. Alrededor de 60% de los profesores, investigadores y administradores de las universidades estaba totalmente al tanto y recibía compensación directa de la CIA como empleados contratados, o se les entregaban becas de investigación por su rol como reclutadores encubiertos de la CÍA."
¿Dónde queda, entonces, el supuesto prestigio que en el mundo ganaron desde los años '70 las universidades norteamericanas? Durante muchos años, para numerosas familias de todo el mundo resultaba altamente deseable que sus hijos efectuaran cursos de grado o posgrado en Estados Unidos. Supuestamente, la formación científica era muy superior a la de otras universidades. Lo que no sabíamos era que, además de la manipulación del conocimiento científico que antes señalamos como una constante deseada por la élite financiero petrolera, generalmente dueña, financiadora o directora de las universidades, los estudiantes extranjeros iban a estar bajo un constante monitoreo de la CIA con el fin de ganar agentes en el exterior y, por si fuera poco, que más de la mitad de los profesores recibían y reciben pagos de la CIA para "facilitar" el acceso a los alumnos.
Pero las sorpresas no terminan allí. En el informe oficial conocido popularmente como el "Church Committee Report" del Congreso norteamericano, en la página 189, se señala:
"(...) La CÍA está usando ahora a unos cientos de académicos norteamericanos, quienes adicionalmente a proporcionar pistas y presentaciones por cuestiones de inteligencia, ocasionalmente escriben libros y otro material para ser usado con fines de propaganda en el exterior. (...) Estos académicos están localizados en más de cien universidades e institutos norteamericanos."
Quizás ahora también podamos entender con más precisión lo que ocurrió con John Nash y con el discreto encubrimiento que han sufrido sus descubrimientos acerca de la falsedad de las teorías de Adam Smith, frente a la sobre exposición de teorías económicas sin real basamento científico (como la llamada "escuela de expectativas racionales" de Lucas). El "Church Committee Report" fue escrito en 1976. ¿Cuánto más habrá avanzado la infiltración de la CIA en directores, profesores y alumnos de universidades norteamericanas, desde aquella época? En el mismo trabajo, Volksman señala:
"Yale ha sido terreno fértil en el reclutamiento de agentes de la CÍA desde que la Agencia comenzó en 1946. En realidad, muchos de los primeros ejecutivos de la CÍA proceden de Yale y de otras escuelas de la IVY, por la cual la CÍA fue acusada durante muchos años de corresponder a los intereses del establishment anglonorteamericano. La acusación era verdad: 25% de los ejecutivos top de la CÍA habían sido alumnos de Yale."
En el mismo trabajo se señala que la universidad norteamericana que es la principal base de reclutamiento de alumnos extranjeros, para que al retorno a sus países se desempeñen como agentes de la CIA, es nada menos que... la Universidad de Harvard. Ahora puede que algunas cosas acerca del grado de penetración que la política y la propaganda del CFR han realizado en el mundo queden más claras. ¿Cuántos funcionarios europeos, latinoamericanos, asiáticos y africanos han estudiado en Harvard?
Cabe mencionar que las tres universidades norteamericanas que más fondos manejan son, no por casualidad: primero, la Universidad de Harvard*, principal socia universitaria de la CÍA, y segundo, la Universidad de Yale, casa de estudios de los Bush, Harriman, Rockefeller y la aristocracia norteamericana que maneja la CÍA.
Pero las actividades de la CÍA en el mundo universitario y en la cultura no se ha reducido a infiltrar universidades en todos sus niveles. Francés Stonor Saunders, en la CÍA y la guerra fría cultural, nos muestra cómo, tras la Segunda Guerra Mundial, la CÍA se logró infiltrar en prácticamente todos los espacios de la cultura. Muchas veces lo hacía mediante fundaciones "filantrópicas" y congresos culturales, así como también exposiciones, conciertos y hasta giras de orquestas sinfónicas. También describe cómo la CÍA subvencionaba ambiciosos programas editoriales, y hasta se ocupaba de realizar traducciones a todos los idiomas. Stonor Saunders asimismo narra cómo las revistas de toda Europa y otros lugares del mundo compensaban la caída en ingresos por publicidad mediante supuestos mecenas tras los cuales se escondía la CÍA, Quizá lo peor de todo, siempre según Stonor Saunders, es cómo muchos de los más elocuentes exponentes de la libertad intelectual de Occidente se convirtieron en instrumento de los servicios secretos estadounidenses. En buena cantidad de ocasiones, la manipulación de intelectuales por parte de la CÍA se daba incluso sin que éstos lo supieran, y generalmente aun cuando no les gustara.
* El director del fondo de inversiones, Robert Stone, está casado con una Rockefeller e invirtió, para desgracia de los profesores de esa universidad, fuertes sumas en acciones de la Enron antes de la caída. Se ve que no aprende de la experiencia, dado que hace muchos años, cuando "Dubya" Bush era accionista de Harken, decidió invertir en esa firma. Claro que Bush vendió las acciones a precios cercanos al máximo de la época, mientras que el fondo de inversión de la Universidad de Harvard tuvo que soportar, estoico, la baja de las acciones de la Harken de US$ 4 a cerca de USS 1 por unidad.
El FBI (Federal Bureau of Investigations) no es otra cosa que una "policía paralela" interna en Estados Unidos. La visión un tanto romántica de las series y películas norteamericanas acerca de los laboriosos e incorruptibles agentes, que muchas veces se quedan a trabajar a deshoras para resolver tétricos crímenes comiendo fría comida china llevada a domicilio, no es otra cosa que propaganda de cuarta calidad. Muchas veces hemos oído hablar acerca de los crueles crímenes de la Gestapo de Hitler. La Gestapo no era otra cosa que una policía paralela. De la misma manera que el FBI, desde su instauración en 1935 por el ex presidente Franklin Delano Koosevelt (reconocido miembro de una sociedad secreta), opera en el mismo sentido. El FBI fue dirigido durante más de tres décadas por un siniestro personaje, también miembro de una sociedad secreta: J Edgar Hoover. Bajo el comando de Hoover, el FBI realizó todo tipo de operaciones internas. Por ejemplo, manipuló al senador Joseph McCarthy durante los años '50 para que llevara a cabo su famosa "cruzada anticomunista" y llevó a la práctica, durante décadas, el racista y temible Counter Intelligence Program (COINTELPRO), mediante el cual los agentes del FBI espiaban las actividades de los miembros más importantes de todas las minorías raciales en Estados Unidos (incluidos los indígenas en las reservas). El FBI no se limitó a espiar, sino que en muchas ocasiones actuó de manera violenta contra quienes creyó que podían poner en relativo jaque la supremacía blanca y anglosajona en todas las estructuras de poder norteamericanas. Mientras todo esto ocurría silenciosamente, sin que los medios de comunicación divulgaran la menor noticia al respecto, J. Edgar Hoover era mostrado profusamente en los medios como un paladín de la lucha contra el crimen, como el "tío bueno" que todo americano deseaba tener. Hoover era temido aun por personajes muy poderosos debido a que poseía archivos personales de empresarios, políticos e intelectuales. No los coleccionaba, sino que los usaba con fines extorsivos. El inescrupuloso mandamás del FBI fue puesto y mantenido en su cargo directamente por la élite. Existen muchas especulaciones de que J. Cdgar Hoover era en realidad hijo bastardo de uno de los miembros de la élite y hasta se dice que habría sido concebido en uno de los rituales de una sociedad secreta.
Los Organismos internacionales
El control social y global no se lleva a cabo solamente mediante la existencia de lúgubres organizaciones como la CÍA y el FBI. También han sido creados con el mismo objetivo una gran profusión de organismos internacionales. Muchos de ellos se generaron después de la Primera Guerra Mundial, mientras se gestaba la propia existencia del CFR. Otros, en cambio, vieron la luz luego de la Segunda Guerra Mundial.
Las Naciones Unidas fueron creadas después de la Primera Guerra Mundial, con el supuesto fin prioritario de evitar otra guerra tan atroz como la de 1914-1918. Sin embargo, poco más de dos décadas más tarde, el mundo se veía envuelto en un conflicto bélico mucho peor. El nombre que se le dio inicialmente a las Naciones Unidas (Sociedad de las Naciones) debió ser cambiado, y su estatuto interno también, debido en buena manera al pésimo concepto que las poblaciones de todo el mundo tenían de la Sociedad de las Naciones. Si bien las Naciones Unidas poseen, a través de varios organismos satélites, muchos programas de ayuda humanitaria, existe la creencia —no sin fundamento— de que tras el fin de la Guerra Fría este organismo se ha convertido en una especie de títere de los deseos de Estados Unidos y, por vía indirecta, del CFR.
El apoyo que logro en 1990 Bush padre en el ámbito de las Naciones Unidas para ir a la guerra contra Irak, a pesar de haber basado sus tesis en mentiras y engaños, muestra a las claras que el organismo, como mínimo, no estuvo a la altura de las circunstancias. Que George W. Bush, en el 2002, no haya logrado la aprobación de las Naciones Unidas para ir de vuelta a la guerra con Irak, no significa que la ONU haya ganado espacios de libertad e independencia como organismo, sino que las poblaciones de varios de los países más importantes del mundo comienzan a darse cuenta de que muchos de sus líderes los han sometido a procesos de manipulación y, por lo tanto, ya no puede tomarse la decisión de encolumnarse tras Estados Unidos e Inglaterra sin pagar enormes costos. Este sano proceso por el cual en muchos países se generaliza la conciencia de que tras las guerras casi nunca se esconden objetivos de justicia es un producto no deseado y muy temido por la élite. A fin de medir este progreso en la concientización de los pueblos basta con mencionar que en 1990 Bush padre no sólo logró aprobar mediante las Naciones Unidas la guerra contra Saddam Hussein, sino que además, en un gambito diabólicamente magistral, logró facturarles la guerra a Alemania, Arabia Saudita, Japón y el emir de Kuwait. En efecto, durante 1991 y 1992 ingresaron a Estados Unidos unos 60 mil millones de dólares de esas cuatro naciones como pago por haber llevado en forma exitosa la llamada Desert Storm (operación Tormenta del Desierto). En realidad, Bush no estaba inventando nada nuevo cuando creó un nuevo producto de exportación: la guerra. Había aprendido lo suficiente de sus "padrinos" de la élite financiero petrolera que hacía siglos venían financiando guerras en Europa, América y el resto del mundo, con el fin de debilitar los Estados nacionales, a los cuales, tras las contiendas, se les imponían duras condiciones para pagar el financiamiento de ellas. Las Naciones Unidas, en toda su existencia, no se movieron un ápice para prohibir o limitar la financiación de guerras. Los conflictos bélicos serían imposibles si nadie los financiara, o si hubiera un boicot a financiar empresas armamentísticas. Por lo contrario, se puede "narcotizar" la conciencia social acerca de la verdadera naturaleza de estos organismos internacionales, que muchas veces han servido para dotar de un barniz de legalidad a sangrientos conflictos entre países, generalmente se nombra al comando de las Naciones Unidas a un miembro de la raza negra o a un latinoamericano, lo que también da un barniz de pluralismo, tolerancia y supuesta democracia, en lo que muchas veces no es otra cosa que una parodia.
Si bien el control político que la élite ejerce sobre la sociedad global se da a través de las Naciones Unidas y sus organismos satélite, el control económico se hace merced al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BIRF) y demás organismos satélite como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Estas entidades fueron creadas tras la Segunda Guerra Mundial. La función del FMI era, en aquella época, ayudar a mantener un esquema de paridades de cambio fijas contra el oro. En el caso de muchos países subdesarrollados, que poseían pocas reservas de oro y divisas, y que emitían fuertes cantidades de papel moneda, lo que a veces provocaba inflación, el objetivo del FMI era generalmente prestarles a fin de que pudieran realizar sus pagos externos a cambio de un ajuste interno y de una devaluación de su moneda comparable con el grado de emisión monetaria e inflación que dichos países habían padecido antes. De esta forma, el objetivo del FMI en realidad no era otra cosa que mantener a la vez inalterado el sistema de pagos internacionales y las relaciones de precios relativos entre las naciones del mundo. Este concepto, que muchas veces permanece a oscuras, implicaba en realidad decidir tácitamente qué países debían industrializarse y cuáles no, y poseía un efecto a la vez determinante en la distribución mundial del ingreso. O sea, se decidía también implícitamente qué sociedades podían enriquecerse y cuáles no. Una vez que un país comenzaba a endeudarse fuertemente con el FMI, perdía todo tipo de libertad, sea quien fuere quien estuviese en su gobierno, para realizar cualquier tipo de políticas sociales que no tuvieran la autorización expresa del organismo internacional. Por lo tanto, tras la fachada de un supuesto "hospital" de países económicamente "enfermos", se escondía en realidad un carcelero, un gendarme que realizaba exigencias a los gobiernos a cambio de los fondos para pagar las deudas. Cuando en los años '70 Nixon retira a Estados Unidos del sistema de paridades fijas contra el oro, y el sistema de Bretton Woods estalla en mil pedazos, el FMI debió replantearse su misión. Por supuesto, la meta principal de asistir a los países para que éstos pudieran pagar sus deudas quedó inalterada, pero ya no queda régimen de paridades fijas entre monedas para defender.
En muchas ocasiones, cada vez más acentuadas durante los años '90 e inicios del nuevo milenio, el FMI ha hecho la "vista gorda" ante gruesas inconsistencias macro económicas de muchos países miembros. El caso argentino es un ejemplo clásico. Se sabía que el régimen de convertibilidad no podía ser mantenido indefinidamente y que, cuanto más tarde fuera el ajuste, más doloroso sería para la Argentina, porque más deuda pública y privada se acumulaba para sostener la irreal paridad cambiaría de uno a uno entre peso y dólar. A pesar de ello, el FMI hizo la "vista gorda" ante este factor, porque los grandes acreedores de la Argentina, que posibilitaban la ficción de uno a uno entre el peso y el dólar no eran los grandes bancos de Nueva York y Londres sino millones de pequeños inversores tenedores de bonos y deuda estatales, millones de aportantes a las sociedades de jubilación y pensión (AFJP) y de pequeños inversionistas en fondos de inversión. Mientras fuera posible seguir colocando bonos de deuda argentinos en los mercados, los grandes bancos norteamericanos e ingleses podían seguir cobrando honorarios y comisiones muy jugosos sin arriesgar un solo centavo de su propio capital en operaciones de crédito a la Argentina. Por lo tanto, los damnificados de una potencial crisis financiera como la que acaeció a fines de 2001 no iban a ser precisamente los miembros de la élite financiero petrolera. Más bien, todo lo contrario: la situación de extrema debilidad en la que cayó la Argentina les hacía ganar posiciones a la hora de negociar con eventuales gobiernos argentinos futuras inversiones y préstamos al país.
Es necesario tener en cuenta, entonces, que es imposible que a todos los funcionarios del FMI relacionados con la Argentina se les haya "escapado" la inevitabilidad de la crisis. El punto es que, mientras en WallStreet se podía seguir ganando con canjes, mega canjes, etc., etc., no resultaba conveniente acelerar la salida de la convertibilidad, aunque luego esto se pagara muy caro. Además, una vez de rodillas, la Argentina perdería más independencia y grados de libertad en sus decisiones internas. Ello era un objetivo de la élite.
Hemos citado el caso argentino simplemente porque quizá sea uno de los más paradigmáticos y porque muestra a las claras cómo el FMI, lejos de cumplir como debiera con una verdadera tarea en un mundo realmente democrático, está al servicio de los intereses de unos pocos clanes familiares y de las mega corporaciones que éstos poseen.
La situación del BIRF (Banco Mundial) es aún más clara de comprender. Directamente esta entidad financia proyectos de inversión que los países luego deben contratar con grandes corporaciones privadas situadas precisamente en los países de la élite. Si lo pensamos bien, no es algo muy diferente de en lo que en su momento fue el denominado "Plan Marshall". O sea, aquel plan por medio del cual los contribuyentes norteamericanos financiaban a los países europeos devastados por la Segunda Guerra Mundial para que les compraran productos con cash a las grandes corporaciones privadas norteamericanas. Dicho de otra manera, los pequeños y medianos contribuyentes norteamericanos estaban financiando las ganancias de los empresarios más ricos de Estados Unidos. Nada muy diferente sucede con el BIRF. Esta entidad presta fondos a los países subdesarrollados para que realicen proyectos de inversión. Pero la independencia de estos países a la hora de realizar las contrataciones y licitaciones para dichas inversiones es muy limitada. Nuevamente, son los medianos y pequeños los que subsidian la ganancia de los grandes. Para que este esquema pueda mantenerse, obviamente, es necesario comprar la conciencia y el silencio de una gran cantidad de economistas que cobran jugosos honorarios por "trabajos de consultoría" financiados por el FMI, el BIRF, el BID, etc., que en realidad luego se suelen archivar, sin peso alguno, en las decisiones finales crediticias y de contrataciones. Todo el sistema económico financiero global, entonces, está especialmente diseñado para que, tras una aparente legalidad y legitimidad en préstamos, deudas y contrataciones, se esconda en realidad el interés exclusivo de mega corporaciones privadas y de la élite financiero petrolera anglonorteamericana.
Hemos hablado ya en apartados de este y otros capítulos acerca de la necesidad de que todo este cuadro "cierre" mediante el control social y global que ejercen los más grandes medios de comunicación. Por lo tanto, no volveremos a repetir los conceptos acerca de quiénes son los reales dueños de los multimedios globales, y de cómo se manipula a la opinión pública, Sólo haremos referencia a que el medio que suele ser priorizado por la élite como forma primordial de masificar y desinformar es la televisión.
Vale la pena recordar que a fines de los '40, durante todos los '50 y principios de los '60 la televisión crece en EE.UU. como un emprendimiento estatal. Los empresarios de la élite petrolera financiera norteamericana habían convencido a los funcionarios de la necesidad de destinar fondos públicos para la enorme inversión que era necesaria. Durante aquellos años de TV estatal, las petroleras fueron las principales anunciantes en los programas televisivos. Su participación no se limitaba a la publicidad, sino que se extendía a los contenidos. Por ejemplo, debe recordarse cómo en muchos países se transmitía una versión propia del "Reporter Esso". Cuando el Estado hubo realizado todo el gasto con fondos provenientes de los contribuyentes, la misma élite convenció a funcionarios de las administraciones de Lyndon Johnson y Richard Nixon de la necesidad de que la TV se manejara a través de manos privadas. Ya estaban hechas las principales inversiones. Las familias ya tenían aparatos de TV en las casas. Ahora la televisión era un negocio rentable, ¿Para qué dejarlo en manos del Estado? Además, para ejercer un máximo control social es mejor manejar directamente los medios y sus noticiarios que aportar publicidad y digitar noticias de forma indirecta al estilo "Reporter Esso". A su vez, las tres principales mega cadenas de TV de EE.UU.,la CBS, la NBC y la ABC, son en realidad empresas originadas en el antiguo mega monopolio radial RCA. La élite habría decidido generar tres cadenas televisivas, en vez de una, con el fin de crearla ilusión de competencia. A su vez, la RCA fue generada principalmente por el banco Morgan, la United Fruit (Rockefeller) y tres empresas en las que la banca Morgan posee fuertes interesesdes de que sus fundadores (Thomas A. Edison, Graham Bell y Westinghouse respectivamente) fueron prácticamente "despojados" mediante ardides de sus acciones. Se trata nada menos que de las actuales General Electric, ATT y Westinghouse.
No debe extrañarnos, entonces, que recientemente el presidente George Bush hijo haya aprobado una controvertida legislación en Estados Unidos luego suspendida por el Congreso, (aunque no se sabe por cuánto tiempo) que permite que las cadenas privadas de televisión compren debilitados diarios y periódicos regionales y estaduales norteamericanos. Es sólo una aparente paradoja que esta legislación fuera aprobada y llevada acabo justamente por el mismo personaje que en la era de Nixon y Ford había impedido que los diarios regionales y estaduales compraran canales estaduales de televisión. La paradoja es sólo aparente porque la televisión, a pequeña escala, durante los años '70 estaba surgiendo en Estados Unidos como una herramienta de la élite para lograr una mayor homogeneización en la información a la cual poblaciones de alejadas regiones podían acceder. Lo que acaba de aprobar Bush en el 2003, y aún no logró llevar a cabo ya, entonces, en el mismo sentido: lo que se permite es que pequeños diarios antiguamente independientes sean adquiridos y dependan editorialmente de canales de televisión, pertenecientes a las grandes cadenas. Como se ve, el control de la información y la política comunicacional interna de Estados Unidos está cada vez más concentrada en unas pocas manos. Lamentablemente, algo no muy diferente ha venido sucediendo en todo el mundo en forma cada vez más acelerada.
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7. PODER Y SOCIEDADES SECRETAS
Los hijos de la élite, alrededor de 0.1%, iban a las escuelas llamadas "academias"', y se les enseñaba a pensar y ser independientes. Alrededor del 5,5% iba a las Realfichulen, donde se les enseñaba parcialmente cómo pensar. El otro 34% iba a las Volksschuíen, donde se los inducía a ser un seguidor y un buen ciudadano.
Acerca del sistema de educación de Prusia, en Addresses to Germans, por Johann Fichte.
Hay dos historias: la historia oficial, embustera, que se enseña ad usum delphini, y la historia secreta, en la que se encuentran las verdaderas causas de los acontecimientos: una historia vergonzosa.
Honoré de Balzac.
Hemos visto en capítulos anteriores la existencia de una especie de gobierno mundial en las sombras: el CFR. Ahora bien, dijimos que el CFR posee cerca de 3 mil miembros, un 80% de los cuales es estadounidense. Pensar en un gobierno en el que se expresan simultáneamente 3 mil voces, 3 mil opiniones, 3 mil ideas, es claramente una utopía. Están dentro del CFR los que van a hablar, y están los que van a escuchar. En otras palabras, hemos mencionado que en el CFR hay una gran cantidad de educadores, periodistas, abogados, economistas, políticos, empresarios, etc. Dentro de esa variada gama están aquellos para los cuales tan sólo figurar en el CFR es un gran honor y son convocados para infiltrar en sus organizaciones el ideario del CFR, y están aquellos para los cuales figurar dentro es una tarea imprescindible a fin de "bajar linea" a una gran cantidad de miembros del CFR que no son más que ejecutores, dentro de sus respectivos ámbitos de acción, de las políticas que piensa y decide la élite. La élite es un número de gente mucho más reducido. Hay en el CFR miembros de la élite, pero... ¿cómo se organiza la élite?, ¿cómo decide qué líneas de acción seguir a fin de que los miembros del CFR puedan cumplimentarlas en sus respectivos ámbitos? Ya hemos dicho que muchas veces una idea que resulta apetecible a la élite es divulgada por sus miembros dentro de los ámbitos del CFR con el fin de que aparezcan por anticipado críticas y señalamientos contra ella. De esta manera, los integrantes de la élite, por anticipado, pueden tener una acabada idea del grado y tipo de oposición que sus deseos de dominio global pueden generar dentro de las sociedades cuando esas ideas sean anunciadas. Ello les permite muchas veces lanzar políticas de dominio con cierto "marketing" previo que las hace aparecer como democráticas y como conducentes para alcanzar fines supuestamente altruistas. El grado de resistencia popular a esas ideas es, entonces, mucho menor.
Cuando nos hemos referido a la élite, generalmente lo hemos hecho en términos de la élite anglonorteamericana. Es hora de explicar mejor qué significa esto. En realidad el Reino Unido y Estados Unidos son dos países diferentes, pero sus clases dominantes guardan muchas similitudes. Ambas son WASP (White AngloSaxon Protestant). La alta aristocracia norteamericana, en la que suelen abundar algunos apellidos totalmente desconocidos para el gran público, está compuesta casi íntegramente por descendientes de colonos ingleses del siglo XVII que se establecieron generalmente en Massachusetts y zonas cercanas. Por generaciones y generaciones, los descendientes de esas familias de colonos se fueron casando entre sí. Los llamados "padres de la república" descienden directamente de esos colonos. Esta idea elitista —casi racista— de no juntarse ni aparearse con personas ajenas a lo considerado racialmente óptimo ha mantenido a la élite en su pretensión de ser casi racialmente pura. Cuando mencionamos que algunos árboles genealógicos de la familia Bush llevan su ascendencia hasta los lejanos reyes ingleses del siglo XIII, estamos diciendo algo que puede resultar un detalle, casi una curiosidad, para el gran público. Pero no resulta ningún detalle ni ninguna curiosidad, ni para la alta aristocracia norteamericana e inglesa, ni para los llamados "nuevos ricos". O sea, los clanes burgueses, billonarios, que obtuvieron sus fortunas generalmente financiados por banqueros ingleses durante el siglo XIX, y desarrollaron así en Estados Unidos el petróleo, los ferrocarriles, la banca, etc. En otras palabras, los denominados robber baron».
Hemos señalado también cómo incluso la religión de la élite (la religión nominal, se entiende) coincide con la religión existente en el Reino Unido. El episcopalianismo de la aristocracia norteamericana es sólo una "sucursal" de la iglesia anglicana, que nació como un desprendimiento de Roma. Recordemos que, para los anglicanos, el Papa no es otro que el rey de Inglaterra, representado por el obispo de Canterbury. Las élites inglesa y norteamericana ingresaron en conflicto entre sí muchas veces, y en varias otras se disputaron vastas zonas del mundo. Sin embargo, estas peleas que muchas veces solían traducirse en guerras deberían ser vistas más como riñas internas dentro de un mismo grupo dominante, que como enfrentamientos entre dos enemigos. Suele ocurrir en muchísimos grupos humanos que, aun dentro de un mismo y homogéneo núcleo de gente, con intereses y filosofías afines, existan peleas para ver en ultimo término quién ejerce el liderazgo
Pues bien, hasta la Primera Guerra Mundial, el liderazgo dentro de este grupo lo tenía indudablemente la élite inglesa. Londres era la metrópoli mundial, la moneda de reserva era la libra y Estados Unidos era sólo una ex colonia muy importante, en desarrollo y rápido ascenso. Pero el liderazgo de Londres era indiscutido. Las cosas empezaron a cambiar después de la Primera Guerra Mundial, y durante el desarrollo de la Segunda ya resultaba claro que el liderazgo había virado hacia Washington DC y Nueva York. Quizás una muestra de ello pueda tenerse con una simple anécdota. Cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, el flamante embajador norteamericano en Londres consultó con lord Winston Churchill un pedido del gobierno del presidente Truman para que dejara esa embajada y se desempeñara como secretario de Comercio, la respuesta de Churchill fue: "El poder, ahora, está en Washington". Si Estados Unidos y el Reino Unido fueran dos naciones totalmente independientes entre sí, con clases dominantes que tuvieran intereses contrapuestos, el aristócrata embajador americano en Londres, W. Averell Harriman, jamás hubiera hecho esa consulta al primer ministro inglés. Y, por supuesto, el primer ministro inglés jamás hubiera admitido que el poder estaba en Washington...
Mientras el liderazgo del poder estuvo en Londres, la élite inglesa ejercía su influencia a través de una sociedad secreta denominada "The Group". Esta sociedad secreta se situaba —y se sitúa aún hoy— en la Universidad de Oxford. A medida que el liderazgo iba pasando cada vez más a Estados Unidos, la élite norteamericana —y la inglesa que la seguía y la sigue— ejercía y ejerce su dominio a través de una sociedad secreta cuyo nombre es Skull & Bones (Calavera y Huesos), afincada en la super elitista Universidad de Yale en Connecticut.
La Orden
Esta sociedad secreta, cuyo emblema es una calavera y dos huesos cruzados al estilo de la bandera pirata, existe desde mucho antes que Estados Unidos comenzara a ejercer el liderazgo mundial. Skull & Bones fue fundada en Estados Unidos en el año 1833. Su carácter secreto es abrumador. Sus miembros ni siquiera pueden admitir que pertenecen a Skull & Bones. Sin embargo, George Bush hijo lo ha reconocido en su autobiografía A charge to keep(

